GÉNERO

La marcha de los 30 años: una historia de conquista, valor y orgullo

Pasaron tres décadas de aquella primera marcha en 1992. Este 6 de noviembre, Buenos Aires vuelve a convertirse en el destino LGBTIQ+ elegido de América Latina y del mundo. Cada año, con consignas diferentes, este evento es la colorida voz de una comunidad que reclama, celebra y concientiza.


“Mi primera marcha fue en 1996, regresaba a Argentina luego de haber vivido en el exterior y me acerqué a las organizaciones de diversidad. En aquel momento, me había asumido como bisexual y, ya reinstalada en Buenos Aires, empecé a participar de la comisión organizadora de la Marcha del Orgullo”, recuerda María Rachid, titular del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires.

En esta primara marcha a la que acudía Rachid aún se contaba con la presencia de Carlos Jauregui, el activista LGBT que organizó la primera marcha del Orgullo Gay-Lésbico en nuestro país y primer presidente de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA). Esa fue la última marcha en la que él participó, la de 1996, antes de su fallecimiento por complicaciones con el VIH, ese mismo año.

María Rachid

“Era una celebración muy chica, se hacía en invierno y fue una de las últimas marchas que se celebraron en esas temporadas de frío. Eran completamente distintas a las de hoy, con mucho reclamo y también con celebración, porque siempre la Marcha del Orgullo tuvo ese carácter de fiesta”, cuenta Rachid.


Eran marchas más difíciles, no era sencillo lograr la participación de las personas porque tenían miedo a perder sus trabajos, sus vínculos. Mucha gente iba todavía con máscaras”,

María Rachid.

El movilizarse enmascarado era una costumbre que se había heredado de la primera marcha en 1992, y de la cual participaron unas 250 personas. En esa época, aún estando en gobierno democrático, la policía perseguía a la comunidad homosexual y para hacer frente a esto, se decidió marchar más allá del miedo, le incertidumbre y, para algunos, la vergüenza. 

Utilizando las máscaras para preservar su identidad y el orgullo como motor, convirtieron a Buenos Aires en el escenario de una protesta que hoy cumple 30 años en nuestro país y convoca a cientos de miles de personas.

Cada temporada, este evento tiene algunas consignas principales por las cuales reclama. Las de los primeros años, tenían más que ver con la libertad, la persecución y el hostigamiento policial. “La de 1996 era: ‘La discriminación nos condena, la policía nos mata, seguimos de pie’. Había averiguación de antecedentes para coimear, perseguir, arrestar y a veces, en el caso de las compañeras trans, de torturar y asesinar», advierte Rachid.

En ese entonces no había escenario, se utilizaban las escalinatas del Congreso de la Nación para hacer un pequeño show de cierre. Para recaudar fondos, quienes organizaban la marcha, iban a los boliches y bares de las comunidad LGBT llevando alcancías, de esta actividad, también participaba Carlos Jáuregui. “Él era el que más recaudaba, porque la gente lo reconocía y entonces querían colaborar”, recuerda Rachid. 

El dinero que lograba juntarse se utilizaba para comprar algunos megáfonos, porque tampoco contaban con equipamiento de sonido. Rachid hace memoria: “Recuerdo la vez que más plata logramos juntar. Pudimos comprar un equipito de sonido. Lo pusimos arriba de un auto, con unos parlantitos y lo usábamos para todo: para la marcha, para el acto ¡Para todo!”. 

Hasta entonces, no había ayuda de ningún Estado. Lograron, en un momento, que el Gobierno de la Ciudad les armara un escenario en la plaza, “pero solo los tablones y el esqueleto”. Escribían las consignas en cartulinas y con goma eva decoraban aquel escenario.

“Íbamos repitiendo la consigna del momento y hacíamos el discurso general por el megáfono, siempre seguido de un show final. Porque sí ¡Se celebraba!”, acentúa Rachid. Este evento siempre contó con el condimento de la celebración. Jáuregui, desde el principio reivindicó aquel carácter festivo que hoy representa a la Marcha del Orgullo, apoyándose en la siguiente frase: “En una sociedad que nos educa para la vergüenza, el orgullo es una respuesta política”. En definitiva, el orgullo era eso, la celebración de ser quien cada uno quería ser.


ESCAPANDO DEL FRÍO

Las marchas siguieron pasando y empezaron a plantearse la posibilidad de cambiar la fecha porque no se podía adoptar el carácter que otras marchas tenían en el resto del mundo, ya que, en Buenos Aires, el frío la hacía muy difícil. Había muchas personas con VIH que no podían asistir o estaban las que se animaban a participar, pero terminaban enfermando después. 

También se quería fijar una fecha que tuviera más que ver con la historia de la diversidad en nuestro país y en la región. Entonces, los organizadores se inspiraron en un boletín de la organización de diversidad sexual Nuestro Mundo, la primera de Argentina, y de toda América Latina, que nació en Avellaneda, provincia de Buenos Aires, en 1967. 

Se trataba de un grupo de trabajadores de clase media/media baja, en su mayoría empleados de correos que estaban vinculados a los movimientos sindicales, quienes comenzaron a reunirse clandestinamente y gestaron la primera experiencia de organización política de los homosexuales en Argentina. Incluso, es más antigua que la famosa Revuelta de Stonewall, el hecho que marcó un antes y un después en la historia del colectivo LGBTIQ+.

En 1969, en un barrio de New York, la policía ingresó a un pub llamado Stonewall IIn con la intención de violentar y apresar a las personas en su interior, por la única razón de ser gays, lesbianas y travestis. Los allí presentes, decidieron que no iban a permitir aquellos abusos e iniciaron una simbólica guerra que duró hasta el amanecer. Un año después, en 1970, unas 10.000 personas se concentraron en la puerta de aquel pub y marcharon espontáneamente. Esa fue considerada la primera Marcha del Orgullo.

Pero, anterior a este hecho histórico, el primero de noviembre de 1967, Nuestro Mundo sacaba un panfleto de papel fotocopiado y el cual se distribuía personalmente. Entonces, se terminó decidiendo hacer un homenaje a esa primera instancia de militancia nacional y se fijó la Marcha del Orgullo para el primer sábado de noviembre.


UN CAMBIO DE PARADIGMA

En un principio, la Marcha tuvo consignas relacionadas al hostigamiento y a la persecución policial. hasta que, en el año 2003, se empezó a enfocar en la conquista de derechos, ¿por qué sucedió esto?

En 2001, Argentina atravesó una profunda crisis económica, social, política e institucional. En aquel inestable contexto, la CHA, muy oportunamente, decide presentar el proyecto de Ley de Unión Civil en la Ciudad de Buenos Aires. Aprobada en 2003, esta Ley permitió formalizar los vínculos de convivencia, no solo para las parejas heterosexuales, sino también para las homosexuales. Pudiendo acceder un cónyuge a beneficios sociales y financieros y, a diferencia del matrimonio, la relación podría terminar simplemente con un pacto de separación.

Con este reconocimiento, se estableció un mecanismo para certificar esas relaciones a través de la unión civil. “No puede la Ciudad legislar en materia de familia, así que en ese momento no se podía hablar de pensión, ni de herencia, ni de obra social compartida. Pero, esto era un avance importante porque había personas que tenían a su pareja en terapia intensiva y no podían entrar a verla, porque estaba reservado sólo a los familiares y ante la ley, no eran familia. Incluso, en esa época, en la comunidad LGBTIQ+ había muchas muertes por VIH”, contextualiza Rachid.

Gracias a esto, en 2003 se celebró la primer unión civil entre personas del mismo sexo. Eran dos hombres: César Cigliutti y Marcelo Suntheim. Más adelante, las mujeres pioneras en dar este paso fueron María Rachid y Claudia Castro. Desde ahí, la comunidad empieza a pensar en cuál sería el próximo paso en cuestiones de derechos.

Ese mismo año, empezaba el gobierno de Nestor Kirchner donde se derogaron las leyes de la impunidad de los represores de la dictadura y se aprobó una ley de migraciones que es vanguardia en el mundo en cuanto al reconocimiento de los derechos de las personas migrantes. Rachid recuerda: “Ahí fue donde las organizaciones de diversidad sexual se dieron cuenta de que estaba mutando el paradigma. Estaba cambiando la política de los derechos humanos en el país y la pregunta era: ¿Nos incluirá a nosotres?”.

Todo esto generó cambios en la Marcha del Orgullo. Precisamente en las consignas porque, a partir de ese momento, empezaban a enfocar sobre los derechos. Hasta entonces, sólo dos países en el mundo tenían matrimonio igualitario: Holanda y Bélgica, aunque con un artículo que no les permitía adoptar. “Cultural y políticamente nos sentíamos muy lejos de estos dos países, más sabiendo que no tenían la presencia de la iglesia católica, con toda la influencia que esta tiene sobre los derechos, como sí la tiene en Argentina y el resto de América Latina”, explica Rachid.

Todo esto llevó a plantear la unión civil a nivel nacional, pero ya con algunos derechos más. En 2004, se elaborar el Plan Nacional contra la Discriminación. Se aprueba en la provincia de Rio Negro y en algunas ciudades de Córdoba. Mientras tanto, en 2005 España aprueba el matrimonio igualitario, convirtiéndose en el tercer país del mundo en reconocer este derecho, seguido por Canadá.

Rachid agrega:España y Canadá ya no eran tan distintos culturalmente con Argentina, como sí lo eran Bélgica y Noruega. Entonces, algunas organizaciones empezamos a plantear el matrimonio igualitario y así fue que se conformó, en el 2005, la Federación Argentina LGBT (FALGBT), proponiéndose, por primera vez, el matrimonio igualitario, pero con la posibilidad de adopción. Ahí es que nos llamaron desde el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) y nos propusieron presentar el proyecto en nuestro país”.


EL VIENTO COMENZÓ A SOPLAR A FAVOR

Se quería presentar el proyecto por mesa de entradas, pero la FALGBT aún no estaba conformada legalmente. Entonces, La Fulana (organización sin fines de lucro de y para lesbianas y mujeres bisexuales) junto a otra organización de la provincia de Santa Fé, firmaron el proyecto y lo presentaron a la Cámara de Diputados. Lo levantó el diputado Eduardo Dipollina, del partido sociaista, y le dio estado parlamentario. En ese momento se terminó de conformar legalmente la FALGBT y se decidió que María Rachid sería la primera presidenta de la misma.

Fue entonces que, por primera vez, se planteó de incluir al matrimonio igualitario en las consignas de Marcha del Orgullo. Pero Rachid confiesa que “nunca se pudo incluir como consigna, porque todo se decidía por consenso unánime y porque la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) iba de lleno por la unión civil, entonces nunca estuvo de acuerdo”. Entonces, jamás el matrimonio igualitario llegó a ser la consigna de la marcha. “Igualmente insistimos y presentamos más de 100 amparos, con proyectos de ley, hasta que finalmente en 2010 se termina aprobando”, explica.

Utilizando la campaña del matrimonio igualitario, se aprovechó para instalar otro tema urgente. Se logró llegar a un acuerdo, entre las organizaciones de diversidad, para instalar el reclamo por la Ley de Identidad de Género como consigna central de las Marchas del Orgullo, hasta que saliera. Finalmente, para 2012, se terminó aprobando. “Salió rápido, con mucho acuerdo, porque ya había bastante consenso con lo del Matrimonio Igualitario. De hecho, en el Senado hubo solo una abstención, también algunas ausencias”, recuerda Rachid.


LA MARCHA DEL 2021

Nueve años mas tarde, Rachid cree que, aunque es muy importante, “la Ley de Identidad de Género no logra revertir todos esos años de violencia, discriminación y no acceso”. Por eso, es que este 2021, de entre sus consignas que tiene la marcha, hay dos muy resonantes: Ley Integral Trans ¡Ya! y la Nueva Ley Antidiscriminatoria. “Esta última es muy ambiciosa, no solamente propone incluir a la diversidad en la Ley Antidiscriminatoria actual, sino que también propone una reforma integral de la misma y generar una nueva. Porque la que existe, prácticamente no se usa porque es totalmente ineficaz”, denuncia.

En la actualidad, quien quiere reclamar discriminación tiene que hacer un juicio civil patrimonial que suele implicar demasiado tiempo, pero también mucho dinero, sumado a las tasas judiciales. “El Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), cumple una función más preventiva que otra cosa, porque las asociaciones de discriminación emiten dictámenes que no son vinculantes. Entonces, tenemos que dotar al INADI de más posibilidades para que pueda intervenir  en situaciones de discriminación y, por otro lado generar una vía judicial más eficaz y una vía administrativa alternativa y eficiente”, propone Rachid.


LEY INTEGRAL TRANS ¡YA!, PARA REVERTIR EL DAÑO

Podría decirse que la comunidad trans es de las más vulneradas dentro de nuestra sociedad. Su expectativa de vida ronda entre los 35 y 45 años y sufren discriminación social y sistemática desde muy temprana edad. Sumado a esto, la mayoría es expulsada de sus hogares una vez que reconocen su identidad ante su entorno familiar. Entonces, se sumergen a un mundo que solo les depara violencia e invisibilización.

“Son sobrevivientes, porque las que llegan a los cuarenta lo hacen con su salud muy deteriorada. Además, sin educación formal y sin experiencia en algún trabajo, entonces es muy difícil incluir a una persona trans en el mercado laboral, ya teniendo problemas de salud y sin haber terminado la escolaridad”, defiende Rachid y propone que a estas personas “hay que darles una asignación mínima, también como una forma de reparación luego de tantos años de violencia por parte del Estado”.

La ley Integral Trans también propone modificaciones en la Ley de Identidad de género, ya que las personas trans que se dirigen al registro civil a buscar su DNI, con nuevo nombre y sexo, después deben moverse con aquel documento a modificar todo su pasado: al colegio dende estudiaron para generar el tílulo con su nueva identidad o al banco, si es que tienen cuentas. Deben gestionar todo de manera personal.

Esto las expone a contacto con gente que, mayormente, no está capacitada y entonces suelen generarse situaciones de discriminación. “Por eso, buscamos que los registros civiles, cuando reciben la petición, también le pregunten a la persona a qué lugares quiere que se mande un oficio y entonces avisar de ese cambio registral”, explica Rachid y aclara: “Esto no tiene un impacto presupuestario importante porque, la verdad es que la trans es una población muy chiquita”.


INFANCIAS TRANS

La Ley Integral Trans contempla también a la niñez, “A veces hay denuncias hacia algún papá o contra alguna mamá, porque decide respetar la identidad con la que se auto perciben sus hijos menores. Entonces, actúa la justicia civil de familia, de manera prejuiciosa y discriminatoria, sacándole los chicos. Encima, lo hace mucho más rápido que las veces en las que nosotros los alertamos de que existe un niño o niña que padece violencia física por parte de sus padres”, denuncia Rachid.

El derecho a la identidad debe respetarse especialmente en niños, niñas y adolescentes, eso dice la Ley de Identidad de Género. “Pero, lo que la justicia hace es todo lo contrario. Por eso, hay un montón de medidas que tomar en cuanto a reforzar lo que ya dice la ley. Por suerte, en los casos en los que nosotros hemos intervenido, esos menores fueron devueltos a sus padres. Son pocos los casos, pero los hay”, advierte.


CASA TRANS

En junio de 2017 se inauguró este espacio de contención, sociabilidad y protección de los derechos orientado a la población trans, brindándoles programas de terminalidad escolar, talleres, asesoramiento psicológico, asesoramiento a familias de infancias trans y canasta de alimentos, entre otros. 

“Otra de las cosas que estamos buscando con la Ley Integral Trans es que la Casa Trans tenga un apoyo como para poner algún refugio, en la planta alta o en algún otro lugar. La comida que reparten viene, a veces y peleándola, por parte del Gobierno de la Ciudad, otras del financiamiento internacional, por parte de la Red Latinoamericana y del Caribe de Personas Trans (REDLACTRANS) y otras por parte del Gobierno Nacional; que ahora equipó toda la casa como para hacer un comedor y un espacio donde las chicas van a poder trabajar y tener un emprendimiento propio productivo”, cuenta Rachid.

Alanís Castillo es una joven trans, ecuatoriana de 33 años, que recibe ayuda de Casa Trans y se enteró de su existencia por una amiga. “Me pasó el contacto, les escribí y al otro día ya estaba recibiendo alimentos. Pero no solo es una ayuda para subsistir, ellos me abrieron las puertas a la transformación, a poder convertirme en quien verdaderamente soy. Me enviaron a la Fundación Huésped, donde me hicieron un montón de estudios para poder empezar el tratamiento de hormonización. Hasta me regalan las pastillas”, cuenta.

Alanís Castillo

La ecuatoriana aclara que es “muy importante, y que hay que valorar mucho”, el apoyo de la Fundación Huésped para la población trans. “A veces tú vas y te preguntan si desayunaste o almorzaste. Ellos tienen convenio con ciertos restaurantes donde tú puedes ir y no pagas nada. También te ayudan con dinero para viáticos, por si vas tarde al trabajo, para que no andes caminando sola por la ciudad en las noches. También me están brindando terapia, con una psicóloga, para acompañar mi transformación”, reconoce admirada.

Alanís llegó a Buenos Aires, hace ocho años, ya con el título de diseñadora gráfica y con la idea de hacer una maestría de gestión en diseño en la universidad. Empezó, pero la economía y la falta de un trabajo regular, debido a su condición trans, no le permitió seguir. La Ley Integral Trans busca asegurar bases sólidas de igualdad social, e inclusión laboral, para que ninguna persona trans se postergue, brindándoles un acceso real al sistema educativo.

Comparando a su país de origen, Alanís cree que Argentina, “por más que le falte aún en materia de derechos”, es un país modelo en el avance de los mismos. Recuerda que, viviendo en Ecuador, no podía expresar su identidad con total libertad, ni vestirse como le diera la gana y si así lo hubiera hecho, no podría haber vivido tranquila. “No es fácil para las chicas trans en Argentina, pero más difícil es para las de Ecuador. Allá, una no vive del todo segura, hay que cuidarse con lo que una dice, o de cómo una se muestra”, advierte acongojada.

Alanís Castillo

La Ley Integral Trans busca también que ya no existan víctimas del maltrato policial y de violencia callejera, con sus crímenes de odio. “Una noche, salí a bailar con algunas amigas, aquí en Buenos Aires, pero no me dejaron ingresar al lugar. Le pregunté al de seguridad si me estaba negando el acceso por mi color de piel y me contestó que no, que yo no podía ingresar porque era travesti”, confiesa la ecuatoriana apoyando la necesidad de concientizar, capacitar y sensibilizar a la población.

Aún así, sigue marcando las diferencias entre Argentina y el resto del territorio en cuanto a los avances para la diversidad y recuerda: “Recién llegada a este país, me encontraba en el aeropuerto y necesité ir al baño. Fui directo al de hombres, porque no quise incomodar a las chicas, venía con algo de miedo desde Ecuador. Entonces, una persona de limpieza me dice: – Señorita, usted tiene que ir al otro -. Quizá no se dió cuenta que yo era trans, pero me estaba invitando a entrar al baño donde siempre quise pertenecer. Esa era una señal”. 


EL SUEÑO DE MODELAR

“Recién llegada, y con mucha esperanza, me inscribí en un pequeño curso de modelaje, en la escuela de Roberto Piazza ¡Eso en Ecuador hubiera sido imposible! Nunca me sentí discriminada allí, aunque sí me han preguntado si quería hacer modelaje masculino o femenino y me enseñaban de ambos. Hasta que un día, la instructora me dijo: – Sabes qué, tú eres una chica y a partir de ahora solo aprenderás modelaje de mujer -. Ahí terminé de confirmar que Argentina era el lugar indicado”, cuenta emocionada.

Alanís cree que sería posible, en algún futuro, dedicarse al modelaje siendo una persona trans. “El problema, en mi caso, es que yo trabajo mucho, como negra (ríe). Tengo dos trabajos para poder sostenerme. No puedo hacerme del tiempo, ni tengo la estabilidad como para apostar de lleno”, explica.

Alanís Castillo

Actualmente, Alanís vive en una residencia de microcentro y, además de sus dos empleos, es revendedora de productos cosméticos. Espera que la ley integral trans se apruebe y la calidad de vida, de este grupo de personas, se empareje a las del resto. “Mientras tanto, no tenemos que tener miedo. Hay gente buena. Hay personas que están trabajando por nosotras y nuestros derechos. ¿Vamos a tener miedo? Sí, pero tenemos que afrontarlo. Somos las dueñas de nuestro destino y este año tenemos el apoyo de la marcha y estamos en su consigna”, concluye emocionada.

Por Alanís, por la comunidad trans y por todo el colectivo de la diversidad, este año se celebran treinta marchas, un evento que convoca multitudes y que, a comparación de aquellas primeras que solo hablaban de gays, lesbianas y, con el tiempo, de travestis. Por eso es que hoy se la conoce como la Marcha del Orgullo LGBTIQ+ (lesbianas, gays, transgéneros, transexuales, bisexuales, intersexuales, queer y el resto de identidades y orientaciones).

Participar es celebrar y, a su vez, es un acto de militancia. “Se trata de ser consciente de que no se asume desigualdad ni injusticia. Se trata de querer transformar esa realidad para construir un mundo más justo”, concluye la titular del Instituto contra la Discriminación de la Defensoría del Pueblo de la Ciudad de Buenos Aires, María Rachid.

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