MÚSICA

Sui Generis: el momento en que terminó la historia y comenzó la leyenda

El viernes 5 de septiembre de 1975 Sui Generis se presentaba en el Luna Park para dar un recital que significaría la separación de la banda y un momento histórico en el mundo del rock nacional. Esa noche, la banda conformada por Charly García, Nito Mestre, Rino Rafanelli y Juan Rodriguez se despedía de su público en Buenos Aires en el llamado “Adiós Sui Generis”. En esta nota exclusiva para Minúscula charlamos con Rino Rafanelli, bajista de la banda, y el fotógrafo Rubén Andón, encargado de la cobertura para la Revista Pelo.

El viernes 5 de septiembre de 1975 Sui Generis se presentaba en el Luna Park para dar un recital que significaría la separación de la banda y un momento histórico en el mundo del rock nacional. Esa noche, la banda conformada por Charly García, Nito Mestre, Rino Rafanelli y Juan Rodriguez se despedía de su público en Buenos Aires en el llamado Adiós Sui Generis”.

En esta nota exclusiva para Minúscula charlamos con Rino Rafanelli, bajista de la banda, y el fotógrafo Rubén Andón, encargado de la cobertura para la Revista Pelo.

Por Sebastián Romero

Fotografía: gentileza de Rubén Andón


Todos los caminos conducen a Sui Generis

Para 1973, Nito Mestre y Charly García ya habían grabado su primer disco, Vida, y el suceso comercial de “Confesiones de invierno”, su segundo álbum; éstos los habían convertido en uno de los más importantes referentes del rock nacional.

Por aquellos años, un joven Rubén Andón de 19 años, fan del rock y aficionado a la fotografía, asistió a un festival en el que la banda se presentó junto a otros músicos de la escena local. Así empezó su historia con Sui, en sus propias palabras: “Ahí les pude sacar algunas fotos que tiempo después me sirvieron para conseguir trabajo en la Revista Pelo. Unos meses después participé de la gira de ‘PorSuiGieco’, y pude compartir más tiempo con ellos y empezar una relación más cercana que conservo hasta hoy”.

Por su parte, la llegada de Rinaldo “Rino” Rafanelli a Sui Generis ocurrió en 1974, luego de la separación del grupo “Color Humano” y de la mano de Billy Bond – quien había participado de la grabación del disco “Confesiones de invierno”-.

Billy Bond me llevó a grabar dos temas que faltaban de ‘La Biblia’ de Vox Dei. Cuando los grabé salió la idea de hacer ‘La Biblia en vivo’. Se armó una banda con Moro y Juan Rodríguez en la batería; Nacho Smilari en guitarra; yo en el bajo; Charly García en los teclados y Jorge Pinchevski en violín. Los cantantes eran Alejandro Medina, David (Lebón) Nito (Mestre) y Raúl Porchetto”, cuenta Rafanelli.

Para la época en que los ensayos comenzaron, García y Mestre terminaban de grabar “Instituciones”, su tercer y último disco de estudio.  En ese contexto de ensayos y música compartida, la relación entre el bajista, Charly y Nito se volvió más cercana

Habíamos pegado buena onda. Incluso un día en la casa de Charly compusimos ‘Tema de Natalio’ que formó parte de Instituciones”, recuerda Rafanelli.

Juan Rodríguez

Pequeñas anécdotas sobre Instituciones: el disco que cambió todo

Las canciones de «Instituciones» no eran como las anteriores. No eran folk, como las que integraban “Vida”. Estas canciones estaban más emparentadas con el rock y lo sinfónico. En «Instituciones«, contrario a lo que se podría pensar, Rino grabó la guitarra eléctrica y la ejecución del bajo estaba a cargo de Alejandro Correa. Por su parte, Juan Rodríguez ya estaba en la batería.


Un día me llama Charly y me dice:

– Vamos a ensayar porque hay show.

-Bueno dale, ¿vos llevás la guitarra?

-No, traéte el bajo.

No entendía nada. Fui a la sala y pregunto: “Che, ¿qué onda, y Alejandro Correa?”

– ¿Querés tocar vos el bajo en Sui Generis?

-Loco yo soy bajista obvio, pero, ¿y Alejandro?

– ¿Querés tocar vos?

-Sí.

– Bueno, estás adentro.

No pregunté nada más. Pero una sola cosa: “Yo tengo mi propio sonido, no lo voy a cambiar”, dije. Mi sonido era más bestial que el de Sui Generis en “Vida” y “Confesiones de Invierno”. “No, Justamente lo que quiero es eso, que vos toques con tu sonido” me dijo Charly, y eso es todo. Así fue como entré», recuerda Rafanelli.


El giro de Sui Generis estuvo determinado por tres factores que se dieron a la vez: la madurez de en las composiciones; ya no eran temas para adolescentes. Los folks de los primeros dos álbumes quedaron atrás y aparecieron canciones como Para quién canto yo entonces y “Las increíbles aventuras del señor tijeras, cargadas de crítica social y política.

La instrumentación también había crecido. García y Mestre ya no tocaban un pianito y una quena. Aparecieron un montón de instrumentos nuevos.

Por último, la incorporación definitiva de Juan Rodríguez y Rinaldo Rafanelli en batería y bajo respectivamente, que terminaban de darle al grupo su sonido rockero. Todos esos cambios juntos, en palabras de Rafanelli “hicieron que Sui Generis fuera demasiado para la gente”.


– ¿Cómo decidieron separarse?

– Un día Charly dijo que la gente no acompañaba la música de “Instituciones” y nos plantea la separación. En ese momento Sui Generis estaba en el pico de la popularidad, pero  veíamos que nos pedían siempre Canción para mi muerte” o “Rasguña las piedrasy acabábamos de grabar un disco como “Instituciones”. Entonces dije: está bien, no entienden nada, nos separamos.

Una vez que la banda estuvo de acuerdo con la separación, había que comunicárselo al productor, Jorge Álvarez. Cuando se lo planteamos nos dijo: «¿Cómo se van a separar ahora que están en el mejor momento? ¡Aparte entre ustedes están bárbaros!«.

Jorge Álvarez era un tipo muy rápido, al principio nos decía: “piénsenlo”; y como la respuesta era: “ya está pensado, está decidido, nos vamos”; ahí nos dijo: “bueno pero hagamos Adiós Sui Generis. Hagamos un Luna Park. Una película y un concierto en vivo«.

“Hagamos un Luna Park”

Si bien hoy en día es común que las bandas toquen en el Luna Park, para 1975 el rock no tenía aún esa convocatoria. No era común “hacer un Luna Park”. Las bandas en general no juntaban más de 3000 personas y esto se daba cuando tocaban en el Gran Rex. Fue a partir de “Adiós Sui Generis” que el rock dejó de ser algo de minorías y empezó un camino hacia la masividad.

Al principio, los ensayos fueron con la idea de un Luna Park. “La sorpresa se dio cuando en un ensayo viene Jorge Álvarez y dice: ‘Chicos está totalmente vendida la primera y ya se largó una segunda función y por falta de fechas tiene que ser el mismo día”, cuenta Rafanelli.


Las llegadas al Luna Park

Para Rubén Andón, encargado de la cobertura fotográfica del show para la Revista Pelo, la historia empezó el mismo día del show varias horas antes de la primera función, programada para las 20:30. “Llegué al mediodía, buscando testimonios gráficos de la gente acercándose al estadio y para mi sorpresa la fila ya daba la vuelta al Luna”, recuerda el fotógrafo.

Sobre el clima que se vivía en los alrededores del estadio cuenta: “Afuera se respiraba un aire raro, se veían muchos Falcon verdes. Estaban observando el movimiento de todos esos jóvenes ‘pelilargos’ juntos. Éramos sospechosos. Adentro, en cambio, nos sentíamos protegidos. Había una sensación de alegría y bienestar, como la llegada a una fiesta familiar”.


– ¿Cómo viviste los shows de esa noche desde tu doble rol de espectador/fotógrafo?

– Como en cada trabajo, llegué mentalizado para cubrir el concierto profesionalmente y con un plan de trabajo detallado. Al final, por supuesto, la música pudo más y terminé disfrutando los shows como un espectador privilegiado que además hacía la cobertura fotográfica.

¿Cuál fue el desafío más grande que tuviste esa noche?

– Siempre que voy a cubrir un concierto intento llegar antes al lugar, recorrerlo y observar cuáles son los mejores ángulos y cómo voy a desplazarme de un punto al otro cuando el show esté en marcha. Esas son cuestiones que cuando el concierto arranca no podés planificar.

Esa noche tuve un problema inesperado: se estaban filmando los shows para hacer la película “Adiós Sui Generis”, entonces había ciertas restricciones para moverte por el espacio y, obviamente, los mejores lugares para trabajar ya los habían ocupado los cámaras de Bebe Kamin, director de la película. Más allá de esas cuestiones el show fue una verdadera fiesta.

– Con tantos años en el mundo de la fotografía del rock, ¿qué podrías decir que te dejó este show para tus futuras coberturas?

– En ese trabajo aprendí que en todos los conciertos se genera una conexión entre el público y el músico, un lenguaje especial que involucra a ambas partes. Descifrarlo y poder expresarlo en imágenes es un placer extra que sólo yo disfruté con mi cámara ese día.


45 años más tarde, los shows del Luna Park son parte de fundamental de la historia de nuestro rock, pero los que hoy se recuerdan como shows históricos no fueron tales para sus protagonistas. “La historia la construye el tiempo y la gente. Nosotros éramos amigos y Sui Generis una banda a la que le iba bastante bien. Nunca habíamos podido meter más de 3000 personas. Hacíamos muchos shows pero no éramos los Beatles”, expresa Rino Rafanelli.

Fuera del mito que los años crearon, la noche del 5 de septiembre Sui Generis hizo algo impensado en nuestros días: llenar dos veces seguidas el Luna Park en la misma noche.

Hoy en día ninguna banda hace dos conciertos para más de 10.000 personas el mismo día. Nosotros estábamos locos. Me acuerdo que una vez que empezó el recital fueron tres horas de show. Generalmente, cuando terminábamos un recital nos íbamos a comer todos juntos, pero esa noche estábamos tan estresados que necesitábamos estar solos. Esa vez cada uno se fue por su lado; fueron 10 horas de un estrés groso, de eso me acuerdo”, confiesa Rafanelli a 45 años de los shows.


Sui Generis ¿Dúo o Cuarteto?

«Jorge Álvarez, que en paz descanse, quería seguir estereotipando la imagen del dúo sabiendo que ya no iba a estar más en el mercado porque se separaba. Charly había propuesto hacer un cuarteto, cobrar todos lo mismo y opiniones también los cuatro iguales. De hecho, el funcionamiento era así: yo trabajaba con Charly en los arreglos; Charly trabajaba con Nito las partes vocales y Juan y yo las bases«, manifiesta Rafanelli.

Esta diferencia de ideas entre Charly y Álvarez sobre lo que Sui Generis debía ser se refleja en la edición de la película y la edición de los discos en vivo conocidos como “Adiós Sui Generis parte I y II”  que muestran dos repertorios diferentes y dos conceptos de banda diferentes. Por esta cuestión de que Álvarez quería estereotipar el dúo, es que “La niña juega en el gran jardín” está dentro del álbum en vivo pero la sacaron de la película.


Álvarez: El señor tijeras de Adiós Sui Generis

Para acompañar la película se filmaron “viñetas” individuales de cada músico que se mostrarían en el momento de sus respectivos solos.

La viñeta de Charly era como un vampiro. Nito, en el solo de flauta era un hada o un cisne que buceaba en una pileta. Juan y yo fuimos mucho más cómicos y grotescos. Él estaba arriba de una camilla vestido de Superman y hacía que volaba con un gran ventilador y  nosotros le tirábamos telgopor como que era nieve. A mí me disfrazaron de bailarina clásica. Totalmente maquillado. Con  un peinado alto; un tutú unas calzas animal print pero con una camiseta y zapatillas de básquet, y yo bailaba. Estaba María Rosa Yorio atrás de cámara haciendo pases de danza clásica y yo trataba de copiarlos pero yo soy re torpe para moverme.

Álvarez dijo: ‘No, no, no. Solamente sale lo de Charly y lo de Nito’. Lo de Juan y lo mío lo abortaron porque… después la historia se encargó de demostrar que el arte es arte. Los cuatro hubieran sido bárbaros«, relata el bajista.


Una noche llena de historias

La imagen que guardo es la de la tribuna tomada desde el escenario unos minutos antes del concierto. Pararme en el lugar donde iba a estar Nito y ver al público. Era increíble sentir esa energía y ver la cantidad de gente que colmaba las tribunas, tranquila pero ansiosa, esperando que la fiesta empezara”, cuenta Andón.

Por su parte, Rino dice: “Pasaron 45 años; la gente me hace recordar todo esto, si es por mí yo ya me hubiera olvidado de Adiós Sui Generis”.

Cobertura de la Revista Pelo

Estábamos en el camarín y sentimos: ‘Che, está lleno‘; ‘Uh, está lleno‘. Cuando salimos y vimos la cantidad de gente y oímos la ovación temblaba el piso. Nos morimos del miedo. Yo creo que en un momento dije: ‘la verdad no entiendo nada de lo que pasa’. Sui Generis no era grande, hasta ese momento era una bandita más.

En el escenario, antes de empezar, le digo a Charly: ‘Vení, vení’. Nos juntamos los cuatro alrededor de Juan en la batería, delante de la gente y les digo: “Loco, toquemos entre nosotros, mirémonos como si estuviéramos en un ensayo, porque si le damos bola a esto vamos a tocar como el orto. Hagamos música nosotros. Y pasó eso. Pasaron millones de cosas en esos shows, no me las acuerdo, pero las viví».

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