CRÓNICA GÉNERO Y FEMINISMOS

Día Mundial Mundial del Prematuro

Desde el 2009 se celebra a nivel mundial el Día del Niño Prematuro para visibilizar la importancia de la atención de calidad durante el embarazo, el parto y el periodo postnatal de la madre y su hijo. Además, para que las familias estén informadas sobre sus derechos y puedan ejercerlos.

Por Pilar Ratto


Durante mi embarazo tuve muchos miedos, pero nunca había imaginado que iba a tener un bebé prematuro.

Siempre fantasee con el parto, una recuperación rápida y la llegada a casa de un bebé a término. Pero no fue así con Octavio, él decidió nacer a las 34 semanas. Si bien la recuperación del parto fue rápida hoy, a 13 días de su nacimiento, todavía no llegamos a casa.

El momento en el que me separaron de mi hijo no lo viví como algo terrible porque estaba en shock; lo terrible comenzó al otro día. Cuando llegamos a la neo lo vi en la incubadora llena de cables, ruidos de máquinas y extremadamente vulnerable. No se lo podía tocar ni ver más de diez minutos para que esté tranquilo y pueda respirar.

Imaginá que te saquen una parte tuya y se la lleven lejos. Creo que eso sería menos doloroso que terminar de parir y que te separen de tu hijo.

Al día siguiente, empecé a sentir una sensación de desapego, un vacío enorme en mí; me tocaba la panza y él no estaba ahí, pero tampoco estaba al lado mío. Tenía que conformarme con verlo diez minutos del otro lado de la incubadora, con 2 barbijos, una cofia en mi cabeza y una bata.

Al otro día me dieron el alta, tuve que dejarlo en neonatología, en otra ciudad e irme a casa. Con esa situación nació un nuevo sentimiento: la ambivalencia. Quería que llegue el día del alta, pero a su vez quería que se quede ahí y salir corriendo de toda esta situación, volver el tiempo atrás. También apareció la culpa, porque tal vez era culpa mía que haya nacido antes, también sentía culpa de sentirme así, con ganas de huir.

A medida que pasaron los días pude ir manejando mejor mis emociones aunque, al final del día, la angustia volvía a aparecer.

Ocho días pasaron desde su nacimiento hasta que pude tenerlo a upa. Lejos de ser como lo imaginé (sin cables, ni barbijos, ni relojes contando los minutos para volverlo a sacar de mis brazos), esos 5 minutos me devolvieron el alma al cuerpo.

Con el tiempo, Octavio fue evolucionando. Ya no necesita ayuda para respirar, luego empezaron a ponerlo al pecho, y la verdad fue una situación angustiante. Nos criaron con el mito del instinto materno y la verdad es que es mentira. Estos primeros días fueron difíciles tanto para él, como para mí. Además, las enfermeras no ayudaron en esa situación; pero poco a poco nos fuimos encontrando.

Hoy, luego de intentarlo durante cuatro días, le retiraron la sonda. Ya puede succionar solo y también nos entendemos mejor. Siente mi olor, me reconoce, volvemos a ser uno durante el día. Pero a la noche, cuando me vuelvo a casa, otra vez siento el vacío, el cansancio, la culpa, la angustia.

Quedan pocos días para el alta y estoy cansada. Las ganas de ir y venir todos los días se agotan. También las de sentarme en la sala de espera sola, esperando que pasen las horas para poder alimentarlo. Pero esos minutos de conexión son como recargas de batería.

No es fácil ser mamá de un neo, todo el mundo pretende que te tragues tus emociones y pongas una sonrisa en la cara por tu hijo, y la verdad es que ser mamá es ser humana también. Miedos, angustias, cansancio, culpas, es parte de la maternidad real, no es perfecta pero así tal cual, es hermosa.

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