OPINIÓN

Lalo Mir: una vida de radio

Eduardo Enrique Mir, a fines prácticos “Lalo”, nació en San Pedro, Provincia de Buenos Aires, el 14 de junio de 1952. Esto, matemáticamente nos dice que tiene 69 años de vida y, considerando que empezó a hacer radio desde los 15, tiene en su haber más de medio siglo de radio.

Medio siglo de radio para un medio que celebra este año sus 101 años de existencia es lo que podríamos llamar perfectamente una “vida de radio”. Esa vida es la que vamos a recorrer en esta nota, la de Lalo Mir, o mejor dicho Lalo, porque crecer escuchándolo hace que lo sienta cercano aunque – todavía – no hayamos hablado personalmente. Sin embargo, hay algo que nos iguala; a él, a mí y a vos que estás leyendo: la radio.

La radio nos iguala porque todos oyentes y hacedores compartimos un amor en común, ese que nos hace en horas laborales u hogareñas encender el aparato para que empiece la música o el discurso de alguien que tiene algo para decirle a alguien que lo quiere escuchar.

“Si yo le saco la gente a la radio queda la antena, queda el transmisor, quedan los tocadores de discos, quedan los micrófonos, pero no pasa absolutamente nada. Hay que ponerle humanidad, hay que ponerle gente, imaginación. Ahí en el aire se forman todas las imágenes, aparecen los discursos y aparece lo que escuchamos todos los días”,

reflexionó Lalo acerca de la íntima relación del público y la radio, ante un auditorio repleto en el año 2013.

Dije al principio de la nota que a los 15 años, en 1967, el joven Lalo empezó a hacer radio y eso tiene una explicación: en su San Pedro natal fue de excursión a una radio y se quedó. De curioso nomás. Según contó en una entrevista en Radio Nacional “empezó cebando mate y se quedó”. Y se quedó y un buen día cuando faltó alguien para salir al aire a leer las noticias o presentar los temas, ¿qué pasó? Adivinaron. Pusieron al que fue “de curioso» al aire. De golpe y sin preguntarle. Y ese fue el inesperado debut de Lalo en la propaladora «APA» de San Pedro.


ISER y la profesionalización del hobbie

Hubo dos intentos fallidos, cuenta en su historia el alumno Mir, para entrar en la carrera de Locución del Instituto Superior de Enseñanza Radiofónica (ISER), al que pudo ingresar recién en el año 1973. Según la leyenda, Juan Ramón Badía, padre de Juan Alberto, evaluó ese tercer intento y le dijo: “Pibe entraste de pedo, pero si querés que te sea sincero, no creo que tu destino esté en la locución”. (Fuente: Filo.News)


¿Por qué la radio?

“¿Yo quería estar en la radio? No. Yo estoy en la radio y he estado más de 40 años en la radio porque un día Fernando Bravo volvió a San Pedro con un Peugeot 0km color salmón. Esa es la idea original. Esa es la primera idea que después yo le puse color “zanahoria” porque es como la zanahoria del burro, porque el auto era eso. Yo tardé mucho tiempo en comprarme un 0Km y no fue color salmón pero sí color zanahoria porque me llevó a la radio y me enamoré de la radio, contó Lalo en su charla TEDx “Vivir del aire”.

Lalo trabajó en Rivadavia, Del Plata, Radio Splendid, Rock and Pop, La 100 y La POP, entre otras emisoras, y muchos de sus programas desde “9 PM”, “Animal de radio”, “Lalo por hecho”, hasta el inolvidable “Aquí Radio Bangkok” forman ya parte de nuestro inconsciente colectivo y por eso si tengo que elegir un programa, para desarrollar su historia, elijo sin dudar «Aquí Radio Bangkok». Su historia empezó en 1986 pero salió al aire recién un año más tarde en la Rock and Pop que, por aquellos años, supo dirigir Daniel Gringbank.

Cuando Lalo, Quique Prosen, Douglas Vinci y Bobby Flores, se tiraron a la pileta con “Aquí Radio Bangkok” tenían una premisa: “jugar«; divertirse al aire y, si era posible, hacer divertir a los oyentes, a quienes se dirigían todo el tiempo y de quienes buscaban permanentemente su complicidad.


¿cómo se le hablaba a los oyentes en los tiempos analógicos sin hiperconectividad?

Vamos a recurrir a la nunca bien ponderada imaginación. Como si fuera un ejercicio psicológico, cerrá los ojos e imaginate que prendés la radio a las 10 de la mañana y la cortina que escuchás te está hablando directamente a vos. Te interpela, te divierte, te incomoda diciendo: “Hola señora, hola señor, aquí llegó el despertador. Aquí Radio Bangkok. No te quedes dormido, queda mucho por hacer, si nos quedamos quietos nada nada va a suceder”.

Así arrancaba una locura hermosa que duró tres años y se pobló de personajes tan inverosímiles como «Cacho de Castelar» y «El Reverendo«, que prometía indicarle a los oyentes «el camino hacia El Eterno«.  Radio Bangkok posibilitó en la radiofonía muchas de las cosas que hoy naturalizamos del medio, como que los operadores salgan al aire y la multiplicidad de voces en simultáneo dentro del estudio.

Pero por favor, no me creas sin escuchar algo de lo que pasaba en el aire de «Aquí Radio Bangkok«, donde reinaron el juego y las ganas de hacer; donde sin mirar la planilla del rating, sin importar quién esté escuchando ni cuántos oyentes estuvieran del otro lado, lo importante era el juego, la prueba y error al aire. Ese salto sin red del que Lalo se convirtió en maestro.  

Con su sello único, este incansable «animal de radio» se puso al frente de La división ENTELy narró las aventuras de «Tubo, Cricket, y Castillo» que eran, en palabras de Laloladrones de heladeras y saqueadores de alacenas” pero ya basta de palabras. Dale play a este video y dejá que la magia de la radio se apodere del instante. Celebremos juntos los juegos de Lalo, ese animal de radio que con su «bla bla» supo despertar a varias generaciones de oyentes.

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