SALUD

Ghosting: la sombra de la comunicación emocional

“Si te he visto no me acuerdo”, repetía mi madre al compartir alguna situación vivida. Con el paso de los años, allá por el 2000, hablábamos de “tirar bomba de humo” en las conversaciones, entre risas. En la actualidad, con un vocabulario que incorpora naturalmente los anglicismos, conocemos este comportamiento como “ghosting”

«Ghostear» consiste en desaparecer de repente y sin mediar palabras, de una relación. Aunque este término comenzó a usarse en la actualidad, la práctica del «ghosting» es más antigua de lo que se cree, y más común de lo que se suele pensar.

Si bien el «ghosting» se contextualizó principalmente para los vínculos sexo afectivos, podemos notarlo también de manera muy clara en otros tipos de relaciones: amistosas, laborales, familiares, tanto digitales como presenciales.

En estos tiempos atravesados por la pandemia, en los que todo parece ser necesario para ayer y los vínculos se arman muchas veces a partir de la virtualidad, puede parecer que esfumarse de la vida de alguien, “dejar en visto”, es más simple que perderse en explicaciones. 


¿QUÉ GHOSTEAMOS CUANDO GHOSTEAMOS?

Al esfumarse o desaparecer del entorno de alguien, se dejan de lado y se esfuman también las emociones y se bloquea lo que podría haber sido un intercambio, una charla, una puesta sobre la mesa o un debate.

Ciertamente, optar por limitar de manera contundente un vínculo no debe confundirse con colocar límites sanos. Para ser coherentes con lo que pensamos y hacemos, un buen intermediario siempre será la palabra, y es lo que nos distingue de otras especies.

En algunas relaciones, el vínculo naturalmente se concluye hacia el distanciamiento, es decir, los caminos se alejan por los ciclos que se cumplen. En el lado opuesto del asunto, podemos darnos cuenta de que en otras relaciones preferimos no participar más, por no pertenecer, no coincidir o por diversas y múltiples cuestiones. 

Ser conscientes de esta situación es un gran paso, pero no siempre se advierte. Es por eso que en estos últimos casos es donde se generan la mayoría de los «ghosteos«, en la incomodidad que puede generar verbalizar. Es cierto que a veces necesitamos tiempo para evaluar una situación que nos genera discrepancia, pero muchas veces la otra persona no lo supone ni espera.


UN MALESTAR QUE NOS NEUROTIZA

Los miedos más arcaicos de los seres humanos son el abandono y no sentirse querido. Esto puede generar ruidos en la comunicación y mensajes que al mismo tiempo nos resultan naturales, porque convivimos con ellos y con un malestar que nos neurotiza.

Podemos poner en práctica comunicar de la manera que mejor nos salga, ya que no hay fórmulas precisas. Lo importante de la comunicación es no bloquear lo que sucede con nosotros mismos, con nuestras emociones y nuestro entorno. Es un ejercicio, algunos dirán que es una habilidad, pero realmente vale la pena saber que podemos aprender mucho acerca de la comunicación. 

En definitiva ¿por qué comunicar en vez de «ghostear«? Para evitar conflictuarse, encontrando coherencia entre lo que se piensa, se siente y se hace. Las conversaciones fallidas, los sentimientos ocultos, los secretos y las emociones bloqueadas estancan nuestro devenir y generan a corto o largo plazo: aprietos, molestias, peleas, incomodidad, decepciones.

Cuando «ghosteamos», aumentamos la ecuación y visión de que las personas somos productos que pueden usarse y desecharse; al mismo tiempo que nos deshumanizamos a nosotros mismos.

Un comportamiento menos «ghosteador» nos brinda la capacidad de poner a prueba y en práctica nuestro afrontamiento para resolución de problemas, nuestro manejo y conocimiento de emociones, nuestras buenas prácticas sobre la empatía y responsabilidad para ponernos en el lugar de la otra persona.

Una de las mejores prácticas que podemos incorporar es humanizar más a las personas que nos rodean, incorporar todas las emociones a nuestra vida, incluso aquellas que creemos que nos hacen mal, porque seguramente algo vienen a manifestar.

En la era de comunicación, aprender a verbalizar nuestras emociones es, quizás, una de nuestras debilidades. Cuando desaparecés de un vínculo, desaparecés también un poco de vos. Cuando te «ghostean«, la culpa no es tuya. Ambos polos del asunto guardan sentimientos que pueden aprender a comunicarse para que lastimen menos. Podemos darles un valor agregado a nuestras relaciones, empezando por no subestimar nuestras emociones y por practicar cada vez más la empatía, con el fin de preservar la calidad de los vínculos.


Lic. en Psicología Erica Gatica
MN 66923/MP 25952

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