RESEÑAS teatro

Bodas de Sangre: un enfrentamiento entre el deseo y el deber

¿Alguna vez te enamoraste de alguien que no podía estar a tu lado? ¿Sentiste que te desgarrabas de dolor? ¿Armaste tu vida conforme a las necesidades de tu entorno familiar? Esta obra, basada en el clásico de Federico García Lorca, te hurta el corazón, lo estruja y te lo devuelve revolucionado. 

Inspirada en hechos reales, estrenada en los mejores escenarios del mundo y objeto de películas, documentales y estudios sociales, Bodas de Sangre expone el conflicto reprimido, las relaciones prohibidas, el deseo como fuerza transgresora; la tragedia y la muerte. Se presentó en el teatro La Mueca, en el corazón del barrio porteño de Palermo y este domingo, 19 de diciembre, llega a su función despedida.


“La obra expone las conductas humanas, como el rol de la mujer y la sumisión en el tipo de sociedades rurales, aquellas atrasadas en ciertos aspectos. Donde son sometidas y oprimidas a ese lugar de ama de casa, de madre y, si buscas salir de aquel rol, recibes una condena social”,

explica el director, Hernán Altamirano.

Cada personaje, como también cada elemento de esta obra, es un símbolo de un tema en concreto: la soledad, la tragedia y la muerte, la masculinidad y la pureza. “Queríamos regalarle al público un drama profundo donde la emoción estuviera sostenida por un trasfondo filosófico y sociológico, para que se vuelva a casa con preguntas”, refuerza Altamirano.

Como explica el director, la trama es profunda y no tiene desperdicios. La madre contiene rencor por la muerte de su marido y de uno de sus hijos, que fueron asesinados a puñaladas por miembros de la familia Félix. Además, la viuda no está del todo conforme con la novia que su hijo eligió para casarse pero, aún así, decide visitar al padre de la muchacha para confirmar la boda entre ambos.

La novia, protagonista de la historia, tuvo anteriormente una relación de tres años con Leonardo (ni más ni menos, miembro de la familia Félix, quien actualmente está casado y tuvo un hijo con la prima de dicha protagonista).

La realidad es que la novia, si bien está “encariñada” con su actual prometido, se encaminó en esta nueva relación por dos motivos: la presión social e intrafamiliar, ya que su padre quiere nietos para poder adherirse a las riquezas de la otra familia y así poder expandirse en territorios; y, por otro lado, también buscaba vengarse emocionalmente de Leonardo.


“Como sucedía en las antiguas tragedias griegas, la idea es que el público haga catarsis sobre algo que tal vez no vivió, o tal vez sí, y que puede liberarse de esas emociones que tal vez están reprimidas. Eso siempre es sanador cuando se cuenta desde el arte. Ese es el valor de Bodas de Sangre, porque deja dudas profundas sobre la existencia humana y ataca a lo más hondo del alma”,

defiende Altamirano.

Más allá de la profundidad de la historia, y las acertadas interpretaciones, hay que destacar que es imposible no sentirse penetrado por el clímax de época, de aquella España posterior a la Primera Guerra Mundial, y esto es gracias a una escenografía híbrida, móvil y articulada, que va adaptándose sorpresivamente a las circunstancias del guión. Montada por Pablo Pastrana Greno.

El guión es un espiral entre lo dialogal y el plácido cantar (a capella) de los personajes que habitan un mundo lúgubre y donde todo el elenco se destaca, desplegando una batería de talentos. Altamirano agrega: “Empezamos a ensayar hace un año y medio, primero de manera virtual. Investigamos, estudiamos la obra para construir las características de los personajes, que luego las terminamos de pulir con los ensayos presenciales”

Federico García Lorca se inspiró, para escribir esta obra, en una noticia que leyó en el diario ABC, en 1928, la cual estaba titulada: “Crimen desarrollado en circunstancias misteriosas”. Dicha noticia, tuvo una gran repercusión en toda la prensa de la época y terminó por convertirse en un drama teatral plagado de música, poesía, misterio y simbolismos.

“Entre los símbolos más importantes de la obra se encuentra la luna, que aparece en un bosque y, rompiendo el realismo del guión, es quien absorbe las emociones humanas, como el amor. También están los leñadores, que con sus rumores representan a la voz del pueblo. Y aparece el cuchillo, que es un objeto doméstico, pero que se puede convertir en un objeto de muerte y  producir dolor. Derramar sangre”, explica el director.

Esta es la historia de un amor descarnado que termina en muerte, donde la mujer cumple el deseo de los demás, resignando los propios, hasta que el instinto la lleva a actuar a favor de lo que dicta su corazón. Se retratan, además, perfectamente las costumbres de la sociedad de aquella época, de aquel contexto desértico rural andaluz. 

Una tragedia escrita muy lejos en el tiempo, en verso y prosa, pero, ¿tan distinta a la sociedad actual? ¿Cuánto hemos avanzado, como sociedad, en materia de instintos reprimidos? Respondete a esa pregunta en la última función de Bodas de Sangre, este 19 de diciembre, en el teatro La Mueca.

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