OPINIÓN

Cuentos para despertar: el cine de Héctor Olivera

Cada 23 de mayo se celebra el Día del Cine Nacional en conmemoración del estreno de “La Revolución de Mayo”, considerada la primera película documental argentina estrenada en 1909. Como ese es el disparador inicial de la nota que está usted a punto de disfrutar – considere estas palabras una suerte de “avance” de lo que leerá – quiero antes que nada llevarle tranquilidad: no se pueden repasar 112 años de historias contadas en celuloide y otros soportes tan solo en una nota. La editora no me lo permitió, aunque lo intenté.

Desde Minúscula decidimos homenajear a la producción cinematográfica nacional repasando cuatro películas emblemáticas: “La Patagonia rebelde”, “No habrá más penas ni olvido”, “La noche de los lápices” y “Una sombra ya pronto serás”

La elección, y con esto doy paso a la nota, tiene que ver con dos cosas: primero el gusto absolutamente personal de quien escribe y en segundo término las circunstancias que estamos atravesando; parafraseando al músico genial del bigote bicolor “¿qué podemos hacer sino mirar películas?”. Siendo este el caso, las cuatro historias que vamos a repasar tienen un denominador común: fueron dirigidas por Héctor Olivera.

Así que, como quizás haya adivinado, este es un merecido homenaje al realizador que cuando tuvo que elegir qué contarle al público rechazó los cuentos para dormir y se jugó siempre por los que ayudan a despertar.


La Patagonia rebelde (1974)

A fines de 1972, Héctor Olivera leyó dos de los tomos de “Los vengadores de la Patagonia trágica”, la investigación realizada por Osvaldo Bayer sobre los fusilamientos de obreros en la primavera de 1920. Ese fue el germen que inspiró la realización de una de las películas más importantes del cine nacional.

Según Olivera, después de comenzar a leer la investigación de Bayer sintió que ahí había una película y habló con Fernando Ayala, su socio, sobre esta posibilidad.

Después hablamos con Bayer, que tomó con mucho entusiasmo la propuesta. Había un compromiso tácito de que se iba a respetar la esencia de su trabajo; la película no iba a ser complaciente”, relató Olivera en una entrevista documental que acompaña la edición en DVD de la película con motivo de la conmemoración de los 30 años del estreno.

Y vaya que la película no fue complaciente, de hecho casi la totalidad de los involucrados en el proyecto tuvieron que partir al exilio luego de su estreno.

El guión, la filmación y los personajes

El primer guión de la película realizado por Ayala, Bayer y Olivera se presentó en el Instituto Nacional de Cine el 17 de octubre de 1973, cinco días después de la llegada de Perón a la presidencia. Con la autorización del guión, en enero de 1974 comenzó la filmación de la película en la provincia de Santa Cruz.

Durante la segunda semana de rodaje les llegó la noticia de que el ERP había atacado el regimiento de Azul causando varias muertes. Esta noticia hizo pensar – tanto a Bayer como a Olivera – que la película jamás podría estrenarse.

Por fortuna, la filmación siguió adelante en las inhóspitas latitudes del sur. Sobre las condiciones que tuvieron que enfrentar, Pepe Soriano recordó: “Estábamos en el medio de la Patagonia hace más de 40 años atrás, si ahora es una tierra difícil, por las temperaturas, imaginate en aquella época cuando no teníamos las comodidades ni la ropa tipo térmica que hay hoy en día. Trabajamos con papel de diario bajo la ropa para mantener el calor del cuerpo”. 

La presentación ante “la censura” y un estreno épico

La Patagonia rebelde fue presentada al ente calificador, “La censura”, el 2 de abril de 1974 y fue rechazada.  Esta situación fue explicada por Olivera de la siguiente manera: No se autorizó porque en la solicitud habíamos establecido que la película duraba 105 minutos; ellos la habían medido y duraba 104 minutos y temían que ese minuto de diferencia fuera cubierto con una escena subversiva.

Finalmente, la esperada autorización para el estreno llegó en el mes de junio. Entonces, su director fue a hablar con el circuito de exhibidores y logró que sacaran una película norteamericana que estaba por estrenarse ese jueves y estrenaran la suya. Los exhibidores se dieron cuenta de que era en ese momento o nunca, porque la salud de Perón se había agravado y su muerte significaría la postergación del estreno.


No habrá más penas ni olvido (1983)

Un poco antes de las elecciones que marcarían el definitivo regreso de la democracia con el triunfo de Alfonsín, Héctor Olivera leyó “No habrá más penas ni olvido”, una novela del escritor argentino Osvaldo Soriano que se encontraba en el exilio. Cuando terminó de leerla, Olivera supo que esa era la historia que merecía inaugurar la nueva etapa democrática.  “Porque era ideal y además refería a los enfrentamientos entre ‘el peronismo de izquierda’ y ‘el peronismo de derecha’ ocurridos en la Argentina en los años ‘73 y ‘74”, justificó el director.

“Lo llamé a Osvaldo Soriano que estaba en París y le pregunté qué pensaba él sobre la posibilidad de que yo fuera el director de esta novela y me dijo: ‘Por supuesto, el director de ‘La Patagonia Rebelde’.», contó Olivera.

El guión

Para pasar de la novela al libro cinematográfico, Fernando Ayala y Olivera propusieron a alguien más para trabajar junto al director, el dramaturgo Roberto “Tito” Cossa. Propuesta con la que Soriano estuvo de acuerdo. 


A mí la novela me gustaba. Con Osvaldo Soriano habíamos entablado una amistad que fue creciendo a la distancia porque éramos más amigos en las cartas que nos mandábamos de acá a París. Era un corresponsal fantástico. El gordo se pasaba escribiendo cartas todos los días y yo era de los que le contestaba. Entonces, se fue creando una cosa muy entrañable, muy afectiva y muy vinculada a las realidades; al país, a la dictadura, a Francia”,

contó Roberto Cossa sobre su relación con Soriano.

Acerca del trabajo de adaptación, Olivera dijo: “Nunca me voy a olvidar que cuando empezamos a trabajar en la adaptación con Tito, yo le pregunté: ¿te das cuenta que Soriano no puso un cura en esta historia? Y en un pueblo, el cura es un personaje clave. Estamos hablando de la argentina de los años ’70. Cuando se lo comenté Tito me dijo una cosa que nunca me voy a olvidar: ‘Mirá, si no mostrás la iglesia nadie va a preguntar dónde está el cura‘.”.

La filmación: ¿es el momento adecuado para este cine?

La película se filmó meses antes de las elecciones en las que resultó triunfante el radicalismo de la mano de Alfonsín. Pero como es sabido hasta el episodio de Herminio Iglesias (centennials recurran a sus padres o a Google, como prefieran) nadie dudaba de un nuevo triunfo del peronismo fundamentalmente porque en ese momento había en el país tres afiliados peronistas por cada afiliado radical. Por este motivo, Olivera y sus socios tenían opiniones divididas sobre la realización o no de una película que mostrara los enfrentamientos internos del aparente partido vencedor en las elecciones.

Por suerte, Héctor Olivera tenía un panorama claro de la situación y les dijo a sus socios: “Muchachos es muy simple, esto es una gran novela, no podemos dejar pasar el momento de hacer esta película. Si esperamos a las elecciones y gana el peronismo, no haríamos la película con un gobierno peronista electo masivamente; y si ganan los radicales, qué gracia tiene hacer esta película. Hagámosla y estrenemos antes de las elecciones”.

Dicho y hecho, la película se estrenó antes de las elecciones, el 22 de septiembre de 1983, sin embargo y tal como supuso su director hubo algunos comentarios post triunfo alfonsinista. Muchos dijeron que la película fue pagada por los radicales a lo que Olivera respondía irónicamente que los radicales no tenían un peso ni para pagar un cortometraje


La película se hizo porque a nosotros, los productores de Aries, nos pareció que era un material único. Maravilloso para hacer una película. Esto es oportunidad, la oportunidad de usar algo que no se ha podido utilizar muchas veces en la república Argentina que es la libertad de expresión”,

sentenció.

El elenco y el rodaje

Esta película tuvo doce figuras, entre ellas: Federico Luppi, Héctor Bidonde, Julio De Grazia, Ulises Dumont y Miguel Ángel Solá por mencionar algunos, como es de esperarse combinar los horarios de una docena de actores es una tarea tan titánica como la realización de la película en sí. Sobre esto, el director recordó: “Eran doce excelentes actores, pero cada uno con problemas de teatro, de televisión, o de una mujer enferma. Por eso, a la hora de rodar muchas veces los actores no se encontraban y yo tenía que filmar un plano con un primer término con el hombro de un ayudante con el saco de ese actor que no estaba. era como estar haciendo un rompecabezas. El jefe de producción me confesó tiempo después que él creía que nunca la íbamos a poder armar la película”. 

Federico Luppi, quien participó en nueve películas junto a Olivera, y aquí interpretó al delegado municipal Ignacio Fuentes, estableció una una suerte de paralelismo entre “La Patagonia rebelde” y este film: “Con ‘La Patagonia’ se había instalado – entre los actores – una pretensión de ser parte de la historia. Con toda la controversia que eso provocó políticamente, con el dolor y el susto también apareció esta sensación de que éramos como próceres de un momento del país. Con ‘No habrá más penas’ también nos pasaba eso”.

Al igual que su antecesora, esta película fue presentada en el Festival de Cine de Berlín. Sobre esa presentación Luppi y Olivera relatan:

Luppi: Recuerdo que en el viaje a Berlín preguntaban los alemanes: “Esta historia de ese Partido Peronista tan complejo y tan ricamente contradictorio, ¿cómo se entiende esto de una facción de derecha y de izquierda? Y para responderles nosotros nos aprendimos unas líneas que tenían que ver con una cosa que era real pero que había que expresarla con cierta elegancia: que los partidos populares de enorme prosapia sentimental y afectiva, no podían dejar de englobar en su seno corrientes de derecha y de izquierda y hacíamos todo un discurso en ese sentido, que era verdad por otra parte, pero que intentaba, prejuicio nuestro,  suavizar el hecho de que parecíamos una banda de salvajes.

Olivera: en el exterior nunca entendieron esta cosa de que uno matara y el otro muriera al grito de «¡Viva Perón!».

Luppi: Una película se puede filmar por miles de motivos y no filmarla por igual cantidad de motivos, lo genial de esto, para mí, es que la película se hizo. Hubiera sido un crimen, honestamente, no filmarla. Es un testimonio imborrable de un cine que hicimos con muchísimo orgullo.


La Noche de los Lápices (1986)

Cuando leí el testimonio de Pablo Díaz en el Diario del Juicio a los comandantes en jefe sobre el secuestro, detención en el Pozo de Banfield y tortura de Claudia, María Clara, Daniel, Horacio, Panchito, Claudio y él mismo sentí que este criminal suceso llamado ‘La noche de los lápices’ sentí la necesidad de testimoniarla en una película”, explicó Olivera.

Por extraño que suene hoy, filmar “La noche de los lápices” a tres años de la recuperación de la democracia significó un acto de tremenda valentía por parte de todos los implicados en el proyecto porque como lo contó Olivera, “aunque estaban en plena presidencia de Alfonsín, las fuerzas armadas seguían teniendo un poder enorme por lo que podría haber represalias. Duras represalias. Sin embargo, resolvieron ir adelante”.

La filmación se realizó en los escenarios reales de La Plata y en decorados en los Estudios Baires con toda la crudeza que el tema exigía. El resultado fue un film duro y conmovedor. 

Alejo García Pintos, actor que interpretó a Pablo Díaz en el film, dijo sobre la película: “Fue algo muy importante porque significó el comienzo de mi carrera como actor profesional, con un tema de un gran compromiso social, terrible, de una cruda realidad; estaba a quedando marcado en el celuloide una historia que ocurrió en nuestro país y que tuve el honor de protagonizar en la pantalla grande. Más allá del resultado artístico de la película – que en su momento fue muy exitosa y muy premiada – , lo que queda es que a través de los años se sigue proyectando en diferentes lugares; escuelas, cines, universidades, debates, ha sido motivo de tesis, no solo en Argentina sino en el mundo y tuve la posibilidad de acompañarla en su viaje en varias oportunidades. La película trascendió el mero hecho cinematográfico, incluso hasta lo social; es una bandera para Organizaciones de Derechos Humanos, es una carta de presentación al mundo sobre lo que ocurrió en nuestro país”.


Una sombra ya pronto serás (1994)

En 1994 Olivera decidió llevar al cine nuevamente una novela de Osvaldo Soriano, autor de «No habrá más penas ni olvido«, con quien el director, a esta altura de las circunstancias, tenía una gran amistad. 

«Cuando leí el original de ‘Una sombra ya pronto serás’ quedé subyugado por ese clima mágico y por la descripción de la Argentina muy castigada de los primeros tiempos de la presidencia de Menem. Aunque era obvio que no iba a ser fácil su adaptación al cine, mi enamoramiento con la obra original me llevó a convencer a mis socios para que fuéramos adelante con el proyecto y al poco tiempo estábamos escribiendo el guión con Osvaldo, una tarea por cierto muy placentera”, recordó Olivera.

Esta película tiene una particularidad que no tienen las adaptaciones de novelas en general; la versión cinematográfica de “Una sombra” respeta a rajatabla las páginas del libro. Algo que, en nuestros tiempos es muy bien recibido pero que en el momento de su estreno fue resistido por la crítica que, como es sabido, entiende más bien poco. 

Si la obra original me había gustado tanto, ¿por qué no hacer una película que, apartándose de mi forma de narrar habitual, tuviera una impronta literaria? Lo maravilloso de esta actividad de creador cinematográfico es poder darse gustos. Un gusto que se renueva cada vez que vuelvo al film”, decía Olivera justificando su decisión.

El trabajo de adaptación: palabra de autor  

Osvaldo Soriano contó acerca de la escritura de la película que en cuanto Héctor Olivera me planteó hacer el guión sobre su propia novela, le costó aceptar porque destrozar, de algún modo,  el clima de la novela para pasarlo al del cine le parecía una tarea enorme y no se sentía a la altura de los acontecimientos. Porque se supone que eso lo hacen buenos profesionales muy expertos.

Por suerte para el público y para el cine, Soriano aceptó adaptar su novela junto con Olivera a quien lo unía “una vieja amistad y gran cordialidad de trabajo”.

Para hablar de la labor en sí, como una muestra de oficio, Soriano narra una escena que lo sitúa a veces con la computadora en las rodillas o quizá con una copia del libro en sus manos y otra en las del director. El trabajo se inauguraba con la frase: “voy a empezar a decir un disparate”, generalmente dicha por Soriano, que inmediatamente decía a su compañero: “Reite si querés pero no me juzgues. Vamos a delirar a ver qué sale de este delirio”.

El trabajo en la película: palabra de actores

Luis Brandoni es otro intérprete que regresó para ponerse a las órdenes de Olivera, después de encarnar al gallego Soto en “La Patagonia”, apareció en el film como Berrante, un hombre que se ganaba la vida recorriendo las estancias envuelto en metros de manguera de goma dispuesto a duchar peones. 

En cuanto a la dirección de actores Olivera es un hombre que delinea muy bien, en charlas previas, en ensayos, lo que él espera de los personajes y que tiene el buen tino de escuchar y de cambiar ideas con los actores. De modo que los actores nos sentimos casi con libertad, nos sentimos protegidos por él. En rigor de la verdad me parece que en definitiva hacemos más lo que quiere Olivera que lo que pensamos nosotros, pero lo bueno es que Olivera nos hace sentir lo contrario”, contó Brandoni sobre el trabajo con el director.

Miguel Ángel Solá es otro de los que volvieron para este film junto a Soriano y Olivera. Su caso es muy especial porque sin charla previa el autor y el director coincidieron en que él tenía que protagonizar el film. 

Su personaje en palabras de Soriano es un hombre cansado de llevarse puesto, que recorre los caminos y se va cruzando con diferentes compañeros de viaje. 

Sobre este personaje, que no tiene nombre, Solá explicó: “La constante era huye o busca. Busca su historia, busca su trabajo, busca dónde. En realidad siento que cada vez se afirma más la creencia de la huída como método de una subsistencia que tampoco le atrae, que lo deja en el desafecto”.


 “Yo creo que el director de cine no hace más que dirigir el sueño propio y el sueño de otros. En este caso de Osvaldo Soriano y de todos los técnicos y actores que intervienen en la película. Es realmente una obra colectiva, no se puede hablar de la obra individual de un director” – Héctor Olivera.  

1 comentario

  1. Muy buena nota. Solo un detalle: el personaje de Brandon en «Una sombra ya pronto serás» se llama Barrante y no, Berrante.
    Gracias y saludos . Julio, desde Bahía Blanca

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