SOCIEDAD

Crónica de una familia en la calle

Actualmente en San Antonio de Areco, como en muchos lugares del país, hay personas que viven en la calle. Este mes se viralizó una publicación que hizo una de estas en Facebook y, a partir de ese momento, su situación particular se hizo pública.

Actualmente en San Antonio de Areco, como en muchos lugares del país, hay personas que viven en la calle. Este mes se viralizó una publicación que hizo una de estas en Facebook y, a partir de ese momento, su situación particular se hizo pública.

Por Alfonsina Carissimo


Entre excremento, pañales sucios, toallitas femeninas, profilácticos usados, tierra, moscas, sapos, olor a pis, a encierro, sin agua, ni baño, ni un plato de comida en su mesa cada día, incluso sin siquiera una mesa; vivió por tres meses una familia de San Antonio de Areco.

Cuando una persona se queda en la calle son infinitas las preguntas que les surgen a los ciudadanos que los ven pero que desconocen su realidad. ¿Cómo llegó a esa situación? ¿Fue algo progresivo? ¿No tenía alguien que lo ayude? ¿No quiso ser ayudado? Según Juan Ignacio Falcón, no es tan complejo como parece: para quedar sin techo sólo hacen falta una serie de acontecimientos – o uno solo – que tienen como consecuencia la pérdida del hogar y la imposibilidad de hallar otro.

Juan Ignacio Falcón tiene 20 años, vive en San Antonio de Areco y, hace más de tres meses que se encuentra, junto a su familia, en situación de calle. Él junto a María Aurelia Aguilar, su pareja, su hija María Virginia de un año y Anahí, hija de Aurelia, de 15, vivían en un departamento, pero no pudieron costearlo luego de las pérdidas de sus trabajos a causa de la pandemia. En ese momento se mudaron a la casa de una tía de Juan Ignacio, luego a la de su madre, después a la de su abuela, pero finalmente tuvieron que irse porque el lugar no estaba en condiciones y se encontraron sin un techo bajo el cual dormir.

Según el informe “Pobreza más pobreza” de la Universidad Católica Argentina sobre la incidencia y la dinámica de la indigencia y la pobreza en el segundo trimestre del 2020, en el año pasado, la tasa de indigencia habría llegado al 13,5%, mientras que la condición de pobreza alcanzó al 47,2% de la población urbana. Además, arrojó que la presencia de niñas/os en el hogar se asocia con factores estructurales que también refuerzan la caída en la pobreza o la indigencia. Es decir, que sólo la mitad del país no es pobre ni indigente. La mitad del país vive como Juan Ignacio y su familia.

Pero este año no fue la primera vez que el joven se encontró sin un techo bajo el cual dormir. “He dormido en la calle de más chico, cuando me salía a drogar o por problemas con mi familia”, cuenta. Juan Ignacio empezó a fumar cigarrillo a los siete (7) y a drogarse a los ocho (8). Hoy lleva un año y medio sin consumir cocaína ni pastillas, razón por la cual lo habían internado tres veces.

El lugar en el que la familia durmió durante los tres meses que estuvieron en la calle se trata de un edificio municipal, abandonado, a orillas del río. Es recurrente, en las grandes ciudades, encontrarse con personas que duermen en plazas, cajeros automáticos, o entradas de shoppings. Pero en San Antonio de Areco esto no pasa. Las personas en situación de calle buscan apartarse, aislarse, esconderse. “A veces nos acostábamos llorando y había días en los que no queríamos levantarnos”, cuenta Juan Ignacio. 

Gentileza: Valentina Etchevest

Las personas que se encuentran en situaciones de vulnerabilidad, como indigencia, violencia familiar o problemas de hábitat, pueden – y suelen – acercarse a la Secretaría de Desarrollo Social de nuestra localidad ubicada en el Centro Integrador Comunitario (CIC). Desde allí, existen tres procedimientos que pueden seguirse cuando se presentan personas que se encuentran en alguna de estas circunstancias:

  • Se les puede ofrecer una solución momentánea hasta que puedan resolver el conflicto habitacional que tengan. Por ejemplo, que duerman algunos días en el Gimnasio Saigós (esta fue la situación de Juan Ignacio y su familia) o en un hotel.
  • Se les puede ofrecer ayuda económica por uno o dos meses para pagar el alquiler de su vivienda. Esto ocurrió, por ejemplo, con trabajadores informales que se enfermaron de coronavirus y se vieron inhabilitados para salir a trabajar y poder pagar el alquiler de su casa.
  • Se les pueden ofrecer materiales para que construyan en un terreno de algún familiar.

Cuando Juan Ignacio habla de encontrar un lugar para vivir, del logro de conquistar una vivienda propia, lo hace como si hablara de un sueño o de una meta lejana. “Uno se imagina muchas cosas dentro de tu casa: poder dormir en una cama, tener un lugar para estar mirando una película hasta la hora que quieras, invitar a tus amigos a un asado”, dice. El último departamento en el que vivieron no se encontraba en buenas condiciones, por lo cual preferían no invitar a sus familiares ni amigos. Como si hacer una juntada se tratara de un privilegio. Y tal vez lo sea.

Con respecto a las transferencias directas de ingresos implementadas en el marco de la cuarentena, como el IFE, el estudio de la UCA expresa que éstos brindaron un piso mínimo de ingresos entre los sectores más pobres y vulnerables, sin embargo, no sólo fueron insuficientes, sino que además no llegaron a todos los que sufrieron pérdidas de ingresos.

Aurelia tiene nueve años más que Juan Ignacio, pero la diferencia etaria no es notoria. Como si él hubiera madurado antes de tiempo, a causa de acontecimientos que marcaron su vida, como las adicciones o la muerte de su padre y de uno de sus hermanos. El único momento en el que sonríen es cuando hablan de su relación. Juan Ignacio y Aurelia se conocieron en la calle. “Un domingo salí  a tomar una cerveza y no va que pasa él. Nos empezamos a conocer y un día me dijo que nos veníamos al pueblo, porque yo vivía en el campo, y ¿quién no lo va a seguir?”, cuenta Aurelia, con una sonrisa en su rostro, mientras lo mira.


– Una mañana, cuando me dijiste que estabas embarazada, le conté a mis amigos y a mi familia y te dije que nos veníamos para acá. 

– Me vine con mis hijos.

– Todos me siguieron.


Se miran y sonríen. Por un segundo vuelven un año y medio atrás, cuando sus vidas eran diferentes y sus esperanzas estaban depositadas en otros lugares. Por un segundo son esos dos jóvenes que todavía no se conocen pero que, adentro suyo, saben que les espera un futuro juntos. O por lo menos eso anhelan. 

Cuando vinieron a vivir al pueblo juntos, Aurelia y Juan Ignacio vendían leña y él, además, cortaba el pasto. No sólo ella se había comprado una moto, sino que también habían adquirido un Renault 12 que los ayudaba a trasladar la leña. “Eso nos dejaba mucha plata”, cuentan. Pero un día, cuando Juan Ignacio llevaba un pedido, le sacaron el auto por andar sin papeles. Ese hecho formaría parte, aunque todavía ellos no lo sabían, de la serie de acontecimientos que hicieron que hoy se encuentren sin un techo bajo el cual vivir.

Cuando comenzó la pandemia, la situación económica de la pareja empeoró y no pudieron costear más el departamento en el que vivían. Entre las idas y vueltas de casas de familiares a otras, Juan Ignacio guardó la motoguadaña con la que trabajaba en la casa del yerno de Aurelia y se la robaron. Otro acontecimiento infortunado. 

Y fue así que, sin nuevas oportunidades de trabajo ni una casa para vivir, la familia se quedó en la calle. Así vivieron por tres meses. Durmiendo en un edificio abandonado y pidiendo comida. Hasta que la Policía los sacó de allí y vivieron dos semanas en el Gimnasio Saigós; luego volvieron a quedar en la calle.


Fueron con Gendarmería a sacarnos de muy mala manera en un momento en el que había mucha gente, nos hicieron pasar mucha vergüenza. Nos dijeron que si no salíamos nos sacaban a la fuerza”, relata Juan Ignacio.


Ellos cuentan que en el río, donde solían pasar sus noches, había más personas en su misma situación. Otras personas como Juan y Aurelia, otras personas que eligieron apartarse del pueblo y esconderse en el río, otras personas que no tienen el privilegio de dormir bajo techo.

*Al momento de la finalización de esta nota la familia se encuentra durmiendo en la calle, las entrevistas se realizaron cuando se estaban hospedando en la casa de una amiga. La pareja expresó que no necesitan donaciones, pero que se encuentran en la búsqueda de un departamento para alquilar y de un trabajo para poder sostenerlo.

3 comentarios

  1. Excelente nota Alfon! Increíble y necesario conocer las realidades de las personas que nos rodean. Creemos esa situación muy lejana y la tenemos al lado! Gracias por esta nota🥰🤩

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  2. conozco muy bien esta familia se que no es fácil salir a delante después de estos sucesos pero soy testigo de como viven y es una tragedia yo soy el yerno de María Aurelia águilar a mi y tanto como ah su hija Alejandra soledad celañez tubimos pasando lo mismo compartiendo lo mismo todo fue muy duro pero nos tubimos que separar yo también tengo una nena de un año la cual nació prematura fue muy difícil lo que tuvimos que pasar luego vino la situación de calle es muy feo esto pero a pesar de todo ceguimos con la frente en alto ayudándonos y compartiendo lo poquito que tenemos y podemos conseguir una familia amiga mía me presto una carpa la cual yo selas brinde ah ellos desafortunada mente la carpa se bolvio insuficiente ya que hermanos mucho para una carpa de 4 personas pero nos la areglavamos para poder pasar la noche y poder darles un plato de comida ha nuestra pareja tanto como ha la nenita esto viene de antes de que nacieran nuestras hijas y desafortunada mente esto sigue nos cansamos de hablar con las autoridades pero nunka nos brindaron una solución ha nosotros nos separaron xq no tenían una solución toda la familia estamos pasando x un momento muy complicado y todavía desafortunada mente esta familia sigue iwual en cituacion de calle no pedimos que les regalen una casa pero si se les puede dar la oportunidad de poder alquilar algo o tener algo momentánea mente o poder brindarle un trabajo ah este gerrero que todavía sigue luchando x sobre vivir y poder brindarle algo ah su familia yo creo y pongo las manos en el fuego que Juan Ignacio Falcón va hacer asta lo imposible por seguir teniendo ese lugarcito para su familia

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