SOCIEDAD

La noche de Areco resiste al coronavirus con tips de la nueva normalidad

La noche de los pueblos es diferente a las demás; se destaca por sus aires tradicionales e improvisados que cortejan a cualquier enamorado de la nocturnidad. En el marco de las nuevas normativas que rigen por la situación del coronavirus, los bares arequeros se adaptan día a día a la restricción horaria que ya los deja abrir hasta las cinco de la mañana.

La noche de los pueblos es diferente a las demás; se destaca por sus aires tradicionales e improvisados que cortejan a cualquier enamorado de la nocturnidad. En el marco de las nuevas normativas que rigen por la situación del coronavirus, los bares arequeros se adaptan día a día a la restricción horaria que ya los deja abrir hasta las cinco de la mañana.

Por Rodrigo Méndez


Un auto pasa y pispea si queda alguna mesa libre. El sol tarda en caer y la luz de la luna se demora en acompañar a la de los faroles que alumbran algunas sonrisas anhelantes del tan deseado encuentro nocturno. Parecía que las noches de verano jamás llegarían. Un vaso de fernet transpira sobre la barra. Nacho lo entrega y, acto seguido, la limpia. Luego, se acomoda el barbijo. Hay que hacer mucha, mucha fuerza para olvidarse, aunque sea por un rato, de la vieja normalidad.

La pandemia trastocó las estructuras de todas las sociedades del mundo, incluso la nuestra. Areco no es una isla y, aunque muchas veces lo parezca, el coronavirus arrasó también aquí con decenas de costumbres arraigadas, en medio de una catástrofe sanitaria sin precedentes que no dejó rincón del mundo sin afectar.

La vida nocturna de nuestra de ciudad también cambió. El funcionamiento de los bares y cervecerías debió mutar. Los boliches bailables se extinguieron. Y hasta el famoso fernet del boliche Bessonart, mundialmente conocido por su presentación y sabor, cayó en las redes del virus, modificando su esencia. Ya nada es igual.

Los locales de la noche encabezan el rubro que más tiempo tardó en reabrir las puertas, manteniendo nula su actividad durante seis largos meses. Los comerciantes sufrieron este parate, mirando con ansiedad el reloj de arena que decretara el fin de la cuarentena. Pero no solo ellos. Los clientes habitués del esparcimiento nocturno también padecieron decenas de fines de semana sin brindis ni risas grupales, al menos en lugares habilitados.

Consultados por este medio, propietarios de bares arequeros reconocieron que la noche del pueblo comienza a levantar voltaje, en coincidencia con la llegada del verano y los días de calor. Germán Grasl, del bar histórico El Mitre, abona esa teoría. “El flujo de gente está empezando a normalizarse, estos dos últimos fines de semana hemos trabajado bastante bien”, informa desde la pintoresca esquina de Alsina y Mitre, a orillas del empedrado de la Plaza Principal. El aumento en el caudal de clientes puede adjudicarse a la naturalización del peligro a contagiarse: después de tanto tiempo, ya todos conocen los protocolos vigentes. Y la mayoría los respeta. Pero la extensión del horario de cierre para pubs fue determinante.

Augusto Bessonart, CEO del icónico boliche de Zapiola y Segundo Sombra, detalla: “Antes, cuando solo podíamos estar abiertos hasta las 12 costaba mucho más que la gente se vaya, porque es cuando se encuentran en la flor de la noche. La gente no se quería ir. Pero ahora hasta más tarde está perfecto”. En esta pulpería histórica la pandemia fue tan lejos que hasta llegó a transformar el clásico fernet con Pepsi del que vienen degustando varias generaciones, acompañado de maní o una picada de campo.


“Lo dejamos de servir en botella de vidrio porque han interrumpido la fabricación, ya que la botella chiquita por lo general era para bares y, al estar cerrados los locales nocturnos, las comenzaron a distribuir en envases de plástico. Obviamente no es linda la presentación y creo que hasta cambia un poco el gusto y la forma de ver el trago, pero hay que aceptarlo hasta que en algún momento vuelva lo de antes”, relata Augusto, apoyado sobre la barra de madera fetiche de Areco.


El alcohol en gel abunda en los ingresos a todos los bares, y en algunos, sobre una mesita, espera un cuaderno con lapicera a que cada persona que ingrese deje sus datos anotados para facilitar los posibles contactos estrechos de algún eventual contagio. Con menos mesas que antes, separadas con casi dos metros de distancia, la capacidad de los comercios disminuyó.

Los clientes se cuidan mucho – retoma Grasl – la gente entiende perfectamente la cuestión de los protocolos y ya es casi innecesario ir aclarando, porque todo el mundo sabe lo que tiene que hacer”. Aunque, el dueño del Mitre remarca una de las pocas quejas que escucha: “Cada tanto el reclamo es por la cantidad de personas por mesa. A veces llegan grupos de amigos o familias grandes que se quieren sentar todos juntos, y eso no se puede”.

Son los nuevos tiempos que corren para los amantes de las salidas nocturnas. A la espera que la vacuna ponga fin a las restricciones y finalmente la pesadilla del coronavirus termine, los manijas de la noche despuntan el vicio con limitadas sesiones en bares y algún que otro encuentro clandestino sottovoce. Mientras tanto, la nueva normalidad de los barbijos y el distanciamiento continúa disciplinando a todos los que, caído el sol, salen en busca de un aperitivo.

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