TELEVISIÓN

A 20 años de «Okupas»: la madre de todas las series

Por Sebastián Romero


En el año 2000, canal siete – ahora TV Publica – apostó por poner al aire una historia diferente para la televisión de principios del nuevo milenio que seguía empeñado en mostrar comedias costumbristas. “Campeones” lideraba los ratings desde la pantalla del 13.

«Okupas», la ficción que en su estreno, aquel 18 de octubre de 2000 marcó 3,5 puntos de rating, vino a romper con todo. Producida por Ideas del Sur, y definida en su momento por Marcelo Tinelli como una “ficción experimental, con un tratamiento de imagen cinematográfico”. La primera realización del director Bruno Stagnaro, llegó a la televisión para contar una realidad que los demás canales se negaban a mostrar.

Stagnaro, quien coguionó la historia junto a Alberto Muñoz y Esther Feldman; corría a contra corriente. Mientras la mayoría de las ficciones vivían entre decorados, «Okupas» vivía en la calle.  «En ese momento estaba muchísimo en la calle, ese corredor de Corrientes y demás, era una zona muy importante en mi vida. Deambulaba muchísimo por ahí y siempre estaba en bares o en la calle misma. De algún modo eso quedó impregnado en la serie”, recuerda su director a 20 años del estreno.


“En ese momento, me parecía bastante extraño que las series de televisión negaran tanto la identidad concreta de la ciudad. Deliberadamente se pretendía construir espacios que podían ser cualquier lugar y a mí me pareció que estaba bueno lo contrario como esta idea de El Eternauta de anclar la historia a lugares reconocibles” expresa Stagnaro.


En esta nota exclusiva para Minúscula, Diego Alonso y Ariel Staltari, protagonistas de la serie – junto a Rodrigo de la Serna, “Ricardo” y Franco Tirri, “El Chiqui” – vuelven a ser “El Pollo” y “Walter” para recorrer junto a propios y ajenos la historia de «Okupas», la madre de todas las series.


LA LLEGADA AL PROYECTO

Para Ariel Staltari, la llegada a «Okupas» ocurrió por un casting. “Mi llegada se da porque estaba estudiando teatro en el estudio de Lito Cruz y uno de mis compañeros que había asistido al casting me llama a mi casa un viernes a la tarde y me dice:

Che, andate a un casting en el Teatro Palermo que están audicionando para un programa que se va a llamar «Okupas», que va a producir Ideas del Sur y va a dirigir Bruno Stagnaro.

De todo lo que me dijo yo no entendía nada, no conocía a nadie, estaba colgado de una palmera, venía de un momento muy particular de mi vida, que ya es conocido, y estaba armando un asado para mis compañeros de teatro. Tanto me insistió que terminé yendo. Fui a la última hora el último día, un viernes; el lunes volví y el martes firmé el contrato«, cuenta.

Para Diego Alonso la cosa fue diferente, él no quería actuar frente a cámara.Yo estudiaba dirección de cine en la escuela de Eliseo Subiela y ahí hacía talleres de guión con Juan Bautista Stagnaro, el papá de Bruno”, expresa.

«En ese momento estaban armando el proyecto y él me pregunta: ‘¿No querés actuar?’ y yo le dije: ‘Si, después vemos’. La verdad no tenía muchas ganas de ir, pero al final fui porque Juan Bautista me insistió tanto para que vaya que me dije: ‘si me está mandando este hombre que su hijo es el director de esto, seguramente tiene que funcionar‘.

Cuando llegué había un pibe solo laburando, Fede Mejovich, me acerco y le digo:

– Vengo para meritorio de cámara.

– ¿Para qué?

Para meritorio de cámara.

¿Cómo?

– Sí, me mando Juan Bautista Stagnaro.

A Fede le servía que yo esté ahí porque estaba al lado suyo haciendo sus quehaceres, hasta que un día vino Bruno, me vió, me escuchó hablar y me dijo:

– ¿Vos de dónde venís?

– No, a mí me mandó Juan Bautista…

– Sí, si yo soy Bruno.

Entonces me dijo: “Bueno, vamos a hacer una prueba de cámara” y yo le dije: “No, pero yo acá donde estoy estoy bien”. Él insistía y yo me negaba porque ya había pegado onda con Fede y no me quería mover de ahí. Eso pasa en todas las profesiones, cuando vos estudiás sos un estudiante y después cuando tenés que salir a la cancha es distinto, yo ahí ya estaba en la cancha, no quería volver al banco. Pero Bruno me insistió y me hizo hacer la prueba», recuerda Alonso.


¿Cómo fue la prueba?

– La primera prueba fue con Rodrigo de la Serna. Yo lo había visto a él en Naranja y Media y me había encantado su laburo. La primera escena que hicimos fue esa en la que estoy arreglando la luz, apenas tomamos el caserón, que salió en el segundo capítulo. Me explican lo que hay que hacer y digo: “Bueno, pero ¿puedo usar todo lo que hay acá?”. Se miraron entre ellos y dijeron que sí. No había nada. Lo levanté a Fede de la silla, le dije: “Dame la silla”. La puse contra la pared, me subí. Me dijeron: “¿A dónde vas?”, y yo le dije: “No, porque voy a estar arreglando la luz”. Me subí a la silla, me puse de espaldas a cámara y tuvieron que corregir el plano.

Ellos en los castings te hacen laburar en un espacio chiquito y no te podés mover. Pero como Bruno venía del cine vio lo que estaba haciendo y dijo: “Ah, mirá este”; así que me subí me le puse de espaldas y hicimos la escena.

Así fue mi primera prueba. Después hice 200 más porque había “alguien” que no estaba de acuerdo con que yo fuera. Pero esa pulseada la ganó Bruno y la idea original de su padre.


EL ENCUENTRO CON EL GUIÓN

Ariel Staltari, que interpretó a Walter, recuerda que su primer contacto con el guión fue algo bastante extraño: “Era la primera vez que recibía un guión. Fue mi primera experiencia”, cuenta.

La verdad es que no entendía demasiado, lo leía casi como un cuento hasta que Rodrigo (De la Serna) me aclaró que ese tipo de proyectos no se acostumbraban hacer en la televisión y que realmente lo disfrutara y que estuviera alerta porque quizás uno como artista pasaría toda una vida sin volver a repetir algo así, y la verdad es que viéndolo ahora con el paso del tiempo no se equivocó para nada. Fue arrojarme al vacío sin saber demasiado”, agrega.

Diego Alonso se había encontrado con los guiones desde antes de ser El Pollo. “Nosotros ya veníamos viendo los guiones porque veníamos laburando escenas. Con Ariel somos del mismo barrio, íbamos y veníamos siempre juntos. En esos viajes, mientras él manejaba, yo me ponía a leer los libros. ‘Boludo no vas a decir que te pasé el libro’, me decía. Después empecé a grabar y estuvo bueno, la pasé muy bien, fue un equipo maravilloso. A mi todavía me sorprende que veinte años después esté tan fresco y que la gente la siga pidiendo, que vuelva a la televisión pública o que la pongan en Netflix«, relata.


LA COMPOSICIÓN DE LOS PERSONAJES

Según Staltari, la composición de Walter se fue haciendo sobre la marcha. Lo tomé como un juego, me arrojé a ese juego y me dejé llevar. Walter tenía ciertas particularidades, ciertos puntos de encuentro conmigo, porque yo era un pibe de barrio que había tocado en una banda de rock. Todo eso, sin saberlo, me fue fogueando», cuenta.

Lo que si tuve que atravesar como una prueba de fuego ineludible fue el tema del oficio de Walter: paseador de perros. Yo le tenía terror a los perros y eso fue lo más difícil. Cuando me dieron esa jauría en la primera escena que hice con veinte perros atravesé el umbral del miedo y del terror, no me quedó otra que atravesarlo. Y así se fue dando todo», dice el actor.

Diego Alonso, por su parte, encaró la composición de su personaje desde un costado más técnico. «Yo estudiaba dirección en lo de Subiela y guión con Juan Bautista, entonces yo sé que cada personaje tiene que tener una curva dramática y una evolución propia. A la hora de escribir un personaje hay que llevarlo de una punta a la otra. En cualquier estructura dramática, los personajes se encuentran en un equilibrio inicial, son atravesados por un conflicto y a partir de ahí viene conflicto tras conflicto. Después, en el medio empieza a bajar la curva hasta el punto de giro final que lleva al desenlace. A partir de ahí el personaje vuelve a estar en equilibrio, es un equilibrio final que es diferente al equilibrio inicial. Ahí los personajes descansan hasta la próxima aventura. Eso mismo nos pasa a nosotros en la vida«, manifiesta Alonso.


EL TRABAJO JUNTO A BRUNO STAGNARO

Hoy a la distancia me parece que Bruno es único en su forma de contar, en su forma de dirigir. En aquel momento lo sufrí un poco por inexperiencia; todos éramos inexpertos claramente, nadie tenía claro lo que iba a ser Okupas”, recuerda Alonso.

Staltari, sobre el trabajo junto al director, dice: «Laburar con un tipo que te da la libertad de poder jugar y divertirte y aportar todo lo que te va surgiendo, es maravilloso”.

No está atado a nada. Si bien es muy inteligente y escribe maravillosamente bien y no deja nada librado al azar, sus historias están muy bien pensadas, siempre en el set deja un paño libre para que los actores podamos generar y podamos enriquecer lo que él ya propone. Lo particular es que el te marca dos o tres cosas y con eso ya te instala en un lugar que es mágico, es maravilloso. Es imposible no entenderlo y es imposible estar mal con su mirada y su dirección. Últimamente trabajando al lado de él de manera más directa en los libros, aprendí a conocerlo en esa faceta. La verdad es que es de otro planeta», manifiesta Staltari.


– Uno de los grandes aciertos de okupas es el realismo que supieron imprimirle desde el trabajo conjunto de los habitantes de la casa. Hay muchas escenas corales en las que están Walter, el Pollo, Chiqui y Ricardo, pero si tuvieras que elegir, ¿con cuál te quedarías?

 – Ariel Staltari: Siempre elijo la misma que, si bien no es de las más divertidas, tiene un valor, una carga y un sentimiento que es imborrable para mí. Es la escena en la que entramos a la casa con Chiqui malherido y que después muere en el piso de la casa al pie de la escalera.  Ahí estábamos los cuatro concluyendo un ciclo muy importante en nuestras vidas. Bruno nos había pedido que dejáramos todo en la escena y pusiéramos una máxima entrega y así fue. Creo que, de una u otra forma, la muerte de Chiqui simbolizó también el final de un cuento maravilloso e inolvidable.

– ¿Qué opinás de la serie veinte años después? ¿cómo te llevas con este fenómeno que hace que dos décadas más tarde sigamos hablando de la serie y seguramente en tu vida diaria alguien te recuerda a Walter?

– Con «Okupas me llevo 10 puntos, nunca me peleé con la serie, jamás. Al contrario, siempre me golpeo el pecho diciendo que fui parte de una historia que cambió para siempre la manera de hacer ficción. Qué paradoja del destino, el domingo 18 se cumplen 20 años y también es el día de la madre y «Okupas» fue la madre de todas las series que vinieron después. Le abrió el camino a varias, esto no va en desmedro de ninguna que haya aparecido después, pero «Okupas» marcó un camino y eso es innegable. No hay día de mi vida que me vaya a dormir sin que alguien me recuerde que fui parte de «Okupas».

Para terminar, me gustaría que cuenten una anécdota, algún recuerdo de filmación que se hayan guardado para siempre de la experiencia de “Okupas”.

Diego: Un día caminando dentro de la productora escucho que Bruno le estaba pidiendo los plantines de marihuana a Sebastián Rozen, el director de arte. Me acerco y les digo: “Disculpen, escuché lo que estaban hablando, yo tengo plantines en casa por si necesitan”.

– ¿Cómo que tenés?

– Si, tengo.

– ¿En serio?

– Si.

– Bueno y cuantos tenés.

– Tengo como 40.

– ¿Me los podés traer?

Les dije que sí y entonces le lleve 20 plantines a estos pibes a su departamento de San Telmo. Lo que ocurrió fue que su gato les comió las plantas y me pidieron más. Entonces, para no volver a correr el mismo riesgo, contratamos un flete para llevarlos y traerlos cada vez que los usáramos. Andábamos con el fletero con ocho plantas de marihuana por toda la ciudad llevándolas de una punta a la otra.

– Ariel: Son tantas las anécdotas que no puedo elegir una, porque son muchas, de verdad. Lo que yo rescato es que «Okupas» me salvó la vida. Literalmente. No solo porque me ayudó a sobrellevar el tratamiento oncológico que yo venía teniendo ya desde hace un tiempo y eso me inyecto una energía positiva muy fuerte y toda persona que esté atravesando un tratamiento oncológico con un shock energético de esa naturaleza se le hacen un poco más fáciles las cosas. El tratamiento se hace mucho más llevadero y también la enfermedad empieza a quedar atrás.

No solo me salvó en ese aspecto, sino que me salvó en un aspecto emocional y me ayudó a descubrir un nuevo oficio y un nuevo camino. A partir de ahí pude construir un caminito y conocerme, conocer esta nueva vocación. Y hoy puedo decir que soy un tipo feliz que descubrió  para qué vino a este mundo. Entonces, no es poca cosa lo que provocó «Okupas» en mí.

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