CULTURA

A Chorus Line: perseguir los sueños en clave musical

En el día internacional del teatro, desde Revista Minúscula entrevistamos a Mariú Fernández, Roberto Peloni y Sofía Val, protagonistas de “A Chorus Line”, para conocer los secretos detrás de la obra que brilla en la cartelera porteña y enamora a propios y ajenos.

En 1975, con música de Marvin Hamlisch, letras de Edward Kleban y el libro de James Kirkwood Jr. y Nicholas Dante,  se estrenó en Broadway “A Chorus Line”, un musical sobre un grupo de artistas que participan de la audición para ser parte de un importante musical. 

Podría decirse que se trata de un musical dentro de un musical, pero la obra es más, mucho más que eso: se trata de una historia de búsquedas, de entrega, de confiar y tener fe en los sueños.

En el día internacional del teatro, desde Revista Minúscula entrevistamos a Mariú Fernández, Roberto Peloni y Sofía Val, protagonistas de “A Chorus Line”, para conocer los secretos detrás de la obra que brilla en la cartelera porteña y enamora a propios y ajenos.


“A Chorus Line”: más que una obra, una experiencia de introspectiva

Las luces se encienden y muestran un escenario desnudo con un gran espejo de fondo. Minutos después, sobre las tablas aparecen decenas de actrices y actores que bailan al ritmo de una melodía que nadie sabe cuándo comenzó. De pronto, una voz desde un palco bajo interrumpe la acción, la ordena, la corrige y todo vuelve a comenzar. Los intérpretes se entregan y bailan, cantan y actúan como si fuera la primera vez o tal vez como si se tratara de su última oportunidad para quedar. Ellos están buscando agradar, quieren pertenecer, rinden un examen ante el director y el público – que será juez y parte – de la selección en tiempo real.    


Todos los caminos llevan a Chorus Line: la llegada al proyecto

Actriz, cantante y bailarina, Mariú Fernández, quien interpreta a “Diana Morales”, afirma que aunque no recuerda si vio la versión cinematográfica de “A Chorus Line” en el cine o en el living de su casa, cuando la película terminó tuvo una certeza: ella quería hacer eso. 

“Yo no me presenté a las audiciones porque hacía mucho tiempo que no bailaba. No estaba entrenada porque me estaba dedicando más que nada a actuar y cantar; entonces me pregunté ‘¿cómo me voy a presentar en este proyecto  que requiere tanta disciplina y tanto baile?’. Pero para mi sorpresa, me llamaron para una audición cerrada porque no encontraban alguien para interpretar a Diana y casualmente ella era el único personaje que a mí me gustaba interpretar. Fui  a las audiciones, casi como de un día para el otro. Me dijeron “prepará estas dos canciones” y a las tres horas me llamaron para decirme que yo era Diana Morales. Cuando me dieron la noticia me colmé de una felicidad que me desborda hasta el día de  hoy”, explica sobre su llegada al proyecto.

A la hora de relatar su llegada al elenco, la actriz Sofía Val, quien en esta temporada en el Teatro Astral interpreta a “Sheila Bryant”, elige comenzar desde el principio. 

Mi primer encuentro con Chorus en realidad fue hace dos años, cuando se hizo la primera audición y, si bien llegué hasta la instancia final, no quedé. En ese momento estaba audicionando para otro rol. Fue duro para mí no quedar pero este año se dio la posibilidad de poder audicionar directamente para Sheila y con mucho esfuerzo y preparación me pude presentar a la audición y finalmente conseguir el rol”, cuenta.

– ¿Qué significa la obra para vos?

– Para mí, es un sueño cumplido. Además de una revancha, es entender que a veces las cosas no se dan en el momento que uno quiere, sino cuando tienen que darse. Particularmente, tener la posibilidad de reivindicarme con este espectáculo en este año artísticamente tan complejo era lo que tenía que pasar para que sea un sueño hecho realidad y eso me da una felicidad única. 

Por su parte, el actor Roberto Peloni, quien interpreta el rol de “Zach” (el director de la obra), cuenta que, al igual que su compañera de elenco, su primer encuentro con Chorus fue gracias a la película de 1985 donde Michael Duoglas interpretó el rol que él desempeña cada noche en el Teatro Astral.

Era como ver de primera mano cómo podía llegar a ser una audición y todas las cosas que se ponían en juego – y que se ponen en juego – a la hora de audicionar para un espectáculo, sobre todo para un musical en el que es necesario demostrar varias habilidades para poder conseguir el papel”, recuerda el actor.

– ¿Cómo fue tu llegada a la obra?

– Llegué a través de Ricky (Pashkus), a principio de año él me propuso hacer este personaje que antes hacía Martín Ruíz. Me pareció que la propuesta estaba buenísima porque significaba tener la oportunidad de hacer un musical que pensé que no iba a hacer porque se había hecho hace muy poco. Fue una felicidad poder volver al escenario con semejante musical en esta época. Lo recibí con mucha alegría y con mucho entusiasmo el poder cumplir el sueño de transitar y vivir “A Chorus Line”.

La construcción de los personajes: detrás de Diana, Sheila y Zach

Acerca de Sheila, Sofía Val cuenta: “Tengo que admitir que para construir mi personaje no me hizo falta demasiado; siempre digo que no sé si ella se parece a mí o yo me parezco a ella. En mi primera audición, Sheila no estuvo dentro de mis opciones, no sé por qué. Pero en esta oportunidad me enfrenté con este rol, y fue muy revelador para mí ir encontrándome momento a momento con algo que me espejaba completamente”.



Con respecto a Zach, Peloni explica: “El proceso de construcción del personaje está cruzado obviamente por lo pandémico. Zach es un personaje que se mantiene distante de  sus compañeros porque está como una especie de Gran Hermano, observando,  opinando y preguntando todo el tiempo. También está un poco atravesado por estos tiempos hay muchos aspectos de personaje original que están más aggiorandos a la época porque el director muestra cierta vehemencia o casi algo de psicópata y tiene modos que quizás eran algo común para la época en que se escribió pero hoy llamarían un poquito más la atención. La obra no es el relato sobre un director déspota sino la historia de un grupo de artistas que realizan una audición así que el proceso de construcción estuvo marcado por eso y lo sigue estando en cada función”.

Por su parte, Fernández cuenta que construir a Diana fue muy gratificante y hace énfasis especial en el hecho de que las canciones que interpreta tienen matices completamente distintos. El primer tema – “Nada” – arranca con un monólogo sobre la experiencia con su maestro de actuación que le decía que ella nunca iba a ser actriz. “Su forma de contar las distintas sensaciones que tuvo en el proceso y es tragicómico. Por otro lado, en el tema -“Lo hice por amor”- habla de lo que significa para todos nosotros estar ahí. Yo creo que ese tema es un himno. Habla del amor por la profesión todo lo que hacemos por estar trabajando en un escenario de lo que nos gusta. Lo que vivís en las audiciones, que es ir a buscar trabajo para nosotros, los “No” que te llevás en el camino y la alegría de encontrarte con el “Sí”. Creo que el último tema es un himno y Diana se pone vulnerable y abre el pecho y el corazón cantando esa canción. Ella es un personaje simpático que lo que quiere es caerle bien a quien le está tomando la audición porque quiere ese trabajo pero en el camino se va encontrando con sus miedos, con sus limitaciones. Comete torpezas y no siempre queda bien parada, pero creo que lo más interesante de ella  es eso, que se muestra tal cual es”, relata.

– Repasando los textos de sus personajes, ¿hay alguno que les resulte más significativo?

Roberto Peloni: Me encantan los textos de Zach. Hay muchos, pero particularmente me gusta cuando él explica lo que está buscando exactamente. Creo que es un hombre muy obsesivo y muy dedicado al trabajo y cuando explica qué es principalmente lo que quiere porque es de lo que se trata la obra: de dejar el protagonismo de lado, es una obra muy coral y lo que se está buscando en esa audición es la línea de coro. Los seis bailarines, tres hombres y tres mujeres que tienen que estar durante todo el show donde apoyan a la estrella dice “ustedes son el marco, nadie tiene que sobresalir” necesita seis bailarines que sean seis idénticos. Esos textos me gustan, cuando explica lo que quiere.

Mariú Fernández: Creo que el monólogo de Diana es un monólogo que cualquiera que se preparó estudiando actuación puede sentir y transitar como propio. Cuantas veces observabas que todos tus compañeros veían y sentían un montón de cosas y vos decías ¡mirá lo que le está pasando! ¿cómo es que a mí no me pasa? ¿será que soy malísima? Hasta que entendés que el camino de cada uno pasa por sus propios lugares y que las fichas te van cayendo a medida que vas transitando cosas. Creo que actuar es recopilar, no digo experiencias, porque uno no siempre vive todas las cosas que le toca interpretar no, pero si hay algo en este caso de divertido que es que en alguna clase, algo similar te pasó. Preparar ese monólogo fue muy divertido. Me divierto mucho cada día que lo hago y lo digo. 

Sofía Val: Es hermoso poder transitar durante toda la obra este rol. Sheila tiene una pequeña evolución, no se modifica del todo pero sí tiene un momento de reflexión muy fuerte al final donde en realidad se saca un poco la máscara que tiene para poder blanquear que está cansada. Que está un poco frustrada y que tiene miedo de estar rindiéndose. 

La verdad es que hay funciones que ese texto me cuesta muchísimo; muchas veces me encuentro diciéndolo y cada palabra que digo me resuena tanto en mí que a veces es complejo terminarlo pero a la vez también me ayudó mucho a entender algunas cosas de este tiempo que estoy viviendo.

– ¿Cómo están viviendo esta vuelta a los escenarios después del 2020?

Mariú Fernández: Tenía muchísimas ganas de volver. Hacer teatro es una alegría y siempre estoy agradecida de poder vivir de mi trabajo, pero hoy en la situación en la que estamos creo que todo se valora muchísimo más. No porque antes no lo haya valorado, sino porque hoy es todo más difícil; estuvimos casi un año sin trabajar. Esta vuelta también me hace  valorar mucho las producciones que se la juegan por seguir bancando proyectos así, así que estoy muy agradecida.

Sofía Val: Esta vuelta al escenario es distinta. Es más intensa, uno agradece más, vive el día a día, el momento a momento. Es única como todo lo que estamos viviendo en esta era. 


Hay equipo: quién es quién en Chorus Line

Pasaron casi cuarenta años para que Buenos Aires tuviera una nueva puesta de A Chorus Line en Calle Corrientes y es que más allá de las condiciones económicas que siempre son un factor decisivo a la hora de realizar el montaje de una obra en la cartelera porteña, la obra de James Kirkwood Jr. y Nicholas Dante tiene un desafío adicional que radica en su escritura: A Chorus Line, valga la redundancia, es una obra coral. Donde cada uno de los artistas en escena es protagonista del espectáculo y todos tienen su momento para brillar.  Por eso, permítanme contarles quienes son los encargados de dar vida a esta nueva puesta de la obra. El elenco está integrado por: Jessica Abouchain, Nico Arosa, Mariana Barcia, Evelyn Basile, Menelik Cambiaso, Juan Martin Delgado, Nicolás Di Pace, Fede Fedele, Mariu Fernández, Clara Lanzani, Martina Loyato, Matias Prieto Peccia, Roberto Peloni, Georgina Tirotta, Sofia Val, Gustavo Wons (también responsable de las coreografías), Alejandro Zaga y Sofia Zaga Masri.

Completando el equipo están: Ricky Pashkus en la dirección general; la dirección vocal es de Matías Ibarra, mientras que la dirección musical está a cargo de Gaspar Scabuzzo.

La escenografía que permite a los espectadores vivir una audición desde adentro fue diseñada por José Ponce de Aragón. Por su parte, Marcelo Cuervo, Gastón Briski y Pablo Bataglia están a cargo del diseño de luces, sonido y vestuario respectivamente.

El impresionante diseño gráfico es responsabilidad de Nicolás Rejlis; la fotografía es de Nacho Lunadei. A cargo de la producción ejecutiva está Estanislao Otero Valdez y finalmente Alan Gejtman se desempeña como stage manager y asistente de dirección.


– ¿Cómo es el trabajo junto a sus compañeros?

Sofía Val: Con muchos ya había trabajado antes y con los que no había trabajado igualmente los conocía. Además, mi mejor amigo – Juan Martín Delgado –  está en el elenco y para nosotros fue siempre un sueño hacer la obra Juntos. La verdad es que hay súper buena onda entre todos. Cada uno disfruta mucho de hacer lo que hace, todos tenemos muchas ganas de trabajar y necesitamos estar ahí, entonces se construye una comunidad artística que tira para adelante.

Roberto Peloni: El trabajo con los compañeros es fabuloso porque hay una entrega pocas veces vista, además el elenco está formado por gente que tiene habilidades que son específicas: tienen que bailar mucho; cantar mucho; actuar muy bien. Chorus es un clásico. Para mí es una de las obras más poderosas que hay, es de esas que siempre te siguen devolviendo cosas y esa devolución nunca se agota. 

Mariú Fernández: Es maravilloso. Todas las personas que pasaron por este equipo tienen un lugar en mi corazón. Creo que es gracias a lo talentosos y buenas personas que son que este proyecto es tan humano y tan potente.

– ¿Cómo viven la recepción de la obra por parte del público?

Sofía Val: Si bien es una obra muy de nicho, mucha gente que no ve teatro musical fue a ver el espectáculo y le gustó mucho. Le gusta mucho la solidez de los actores en escena y la gente que sí es más de nicho del teatro musical disfruta mucho que esta obra tan importante y que marca tanto nuestra carrera, nuestro proceso, esté hoy en cartel.

Roberto Peloni: Yo soy público. Porque estoy como observador de la obra, de cada situación y veo hacer el salto mortal que implica la obra, porque como te decía no hay escenografía fastuosa; la escenografía está hecha por los actores y las luces y un espejo gigante detrás y en el final el número más rimbombante. El público es una fiesta. Hay un aplauso de pie extendido que es eso, una fiesta.

Mariú Fernández: El público es una cosa maravillosa. Es inteligente, percibe todo y en ese percibir todo, devuelven un montón. Yo si hay algo que agradezco mucho también de esta obra y de Diana es que siento el mimo de la gente; siento su empatía y estoy muy agradecida por cada uno que me espera a la salida o que me manda algún mensaje diciéndome que con algo de lo que vieron se identificaron o que la pasaron bien o se emocionaron o que también “algo así” les pasó. Es muy lindo. Me siento muy agradecida por interpretar a Diana Morales y por ser parte de A Chorus Line.

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