ENTREVISTAS teatro

«Yo soy cada uno de los personajes», Mariano Torre.

“Fueguino”, el primer unipersonal del actor Mariano Torre, llegará hoy por streaming a todo el mundo a las 21 horas a través de Nube Cultural. En esta entrevista, Torre cuenta a Minúscula la historia detrás de la obra.

“Fueguino”, el primer unipersonal del actor Mariano Torre, llegará hoy por streaming a todo el mundo a las 21 horas a través de Nube Cultural.

Aunque desde hace más de 30 años trabaja en cine, teatro y televisión, el actor ushuaiense sostiene: “Fueguino es mi identidad, es mi presentación como artista”. En esta ocasión, interpretará 16 personajes que van desde Alan Gardiner y  Julio Popper, pasando por un Soldado de Malvinas y una prostituta hasta Hernando de Magallanes.

En esta entrevista, Torre cuenta a Minúscula la historia detrás de la obra.

Por Sebastián Romero


–  ¿Cómo surgió el proyecto que concluyó con la obra “Fueguino”?

– “Fueguino” fue un hijo muy buscado. Recién cuando encontré  a alguien que pudiese hablar entendiendo esa isla y conociendo su historia fue que pude empezar a bajarlo a tierra. No sé cómo será en otras provincias, pero esta es una tierra que tiene una historia y características muy particulares. No hay otro lugar como Tierra del Fuego.

Yo supongo que el norte tiene características parecidas en sí, o el resto, Neuquén, Chubut, Río Negro, más o menos cada uno tiene sus historias, pero Tierra del Fuego tiene una energía muy particular, un historia muy particular. Yo no puedo explicar cuál es el olor del viento frío del sur que viene directamente de la Antártida. Entonces, hasta que no apareciera alguien que en su sentir pudiera entender ese olor, o entender la cantidad de blancos que hay en invierno, hasta que eso no sucediera yo no podía pensar en un espectáculo así. Quería un espectáculo de bolsillo para poder llevarlo a todos lados y necesitaba que ese espectáculo hablase de mí, por ende, de mis ancestros en la isla y de la isla en sí.  Recién cuándo apareció Juan Carlos Malpeli, autor y director de la obra, que es un fueguino por adopción, pudimos hacerlo.


¿Cómo fue el trabajar junto a Malpeli?

-Fue un proceso muy interesante, uno que nunca había transitado. Porque él  vivió toda su vida afuera y durante 10 años fue director artístico del “Actors Studio” de Los Ángeles, del teatro de Anna Strasberg. Traía la impronta de toda la técnica de Strasberg.

Tuvimos que lograr un nivel de confianza en el otro muy grande, una simbiosis entre los dos que iba mucho más allá de un ensayo – que era en casa –, terminar y volver a casa.

Conversamos mucho hasta encontrar cuáles eran los personajes que íbamos a abordar y para qué; qué estábamos diciendo con cada uno de ellos y  cómo hablaban; desde dónde se movían. Qué motivación interna nuestra llevaba cada uno.

Fue un trabajo artesanal de una costura muy fina. Toda la escenografía de la obra está hecha con material reciclado, entonces también fue buscar que aparecieran esas telas, esas texturas, esos colores, que estuvieran. En el teatro el último día casi a punto de estrenar llega la utilería o el vestuario y entonces uno ensayó con una campera que le quedaba cómoda todo el ensayo y el día del estreno te ponen un saco y todo lo que vos hacías con la campera ya no lo podes hacer. En este caso fue al revés, la escenografía y la utilería estuvo casi desde el principio. Eso permite tener juguetes para jugar entonces, uno crea a partir de lo que propone ese objeto y también hay un trabajo de darle vida.


 – En la obra está presente “la voz de la isla” y a partir de ella se van narrando las diferentes historias , ¿cómo llegaste a la idea de narrar así?

– Que la isla sea la que narra el espectáculo, aún sin decirlo, quizá más como un motor inicial, fue idea de Elena (Roger). Una muy sabia idea. Yo no me ponía de acuerdo internamente sobre qué historia era la que quería contar porque había muchas y  porque en todas había algo que me faltaba. Podía hacer la historia de Alan Gardiner, pero también quería hablar de Popper y también quería hablar de las prostitutas del sur. Había muchos temas y no quería hacer un personaje después el otro sucesivamente y porque sí.

Un día, después de muchas conversaciones, Elena me pregunta: «¿Por qué no sos la isla que alberga a todos estos personajes?”. Eso fue de nuevo sentir que me daban la espada de GreySkull; en seguida lo llamé al director y le dije: “Ya está. Empecemos a escribir la obra. La que habla es la isla.”

Ese motor me condujo a poder despojarme. Entender que no es la historia de Mariano, tampoco es la  de los personajes, sino la historia del sentir fueguino. Si bien esta isla albergó con amor, la han habitado de todas maneras, con amor y con odio; con todos los sentimientos del hombre. Pero la isla siempre se mantuvo abierta a que quien la quiera adoptar lo haga. Ese fue el germen del comienzo.



¿Cuál es la diferencia que entre este estreno y el que tuvo lugar en Ushuaia en Enero?

– Nosotros estrenamos una obra en Ushuaia pensada para un teatro, desde la lógica de un escenario y un espectador, de lo despojado de un escenario en la que todos tus trucos están a la vista del espectador. Si sos un mago en remera, no podés esconder cartas debajo de la manga. En este reestreno, a nivel multidimensional,  la complejidad técnica tiene que ver en que lo que yo estoy intentando, o hacia donde estoy caminando que es lo que más allá de estrenar la obra me mueve a mí.

He descubierto que la «zanahoria» que tiene este formato no es reproducir la obra que yo hago en el escenario filmada, sino hacer una experiencia en vivo para esa cámara. Una cámara que está, fija porque también intenté que esto sea con la menor cantidad de gente posible por las razones obvias, pero también porque quiero seguir teniendo un espectáculo de bolsillo. Entonces somos la cámara y yo juntos. Eso cambia que lo que no está en plano de cámara, ahora, para el espectador no existe. Lo cual da un sinfín de nuevas posibilidades diferentes a las que da el teatro.

Hacer esa exploración ya es complejo, interesantísimo, pero hacerla solo la vuelve por momentos, tediosa. Hay que tener mucha templanza y paciencia porque yo soy quien graba, quien prueba los planos; freno; miro lo que acabo de hacer; hago marcas en el piso; vuelvo a hacerlo. Y a esto se le suma que las luces las pongo yo; las cuelgo;  armo la puesta de luces. En el momento de la función voy a tener una persona conmigo que dispare las luces y el sonido pero toda la maquinaria la resolví yo. Monté un  teatro en mi casa.  Hice todos los agujeros en la pared para tirar los tensores de acero para colgar los telones, colgué los telones, cosimos los telones con Elena, busqué todas las maderas y los faroles antiguos y todas las cosas que yo tenía porque soy un “ciruja reciclador”; pinté las cosas que me faltaban, cosí vestuarios, hice el diseño de luces, todo lo hice yo. Armar el lugar de los operadores, lo hice también. Todo está hecho por mí lo cual es un agotamiento fuerte e intenso pero que vale la pena.



¿Cómo te preparás previo a la función?

– Esta es una función muy particular. El estreno de Ushuaia fue mi “previa”, lo que puedo decir es que por primera vez llegué sin absolutamente nada de nervio. Era como escuchar la gente que empezaba a llegar, que empiece a sonar el soundtrack de la obra, y salir a jugar. Con una seguridad de que “nada de lo que podía pasar iba a estar mal”, que es diferente de “sé todo lo que va a pasar”, es “lo que pase va a estar bien y lo voy a resolver de una manera que va a estar buena”. Veremos qué depara esta nueva función.


¿Cómo decidiste hacer la función por streaming?

Me apasiona esto del streaming. No es simplemente filmar el teatro o pasar las obras grabadas. Se abre una nueva manera de hacer arte a través de una cámara. Ahora hay mucha gente en simultáneo, en todo el mundo, que puede empezar a mirar espectáculos. También pueden empezar a tomar cursos. Si yo quiero tomar un curso de flamenco con un maestro sevillano que cante flamenco puedo hacerlo. Esa posibilidad no se me hace como un parche a no poder estar haciendo teatro, sino que se me abre como una nueva posibilidad de expansión que va más allá del cuerpo físico. Me sacaron el peso del cuerpo físico, es la sensación que tengo dando vueltas. Ya no necesito tomarme un avión para ir hasta el lugar; aunque me fascina y ojalá que en la nueva normalidad que tengamos lo pueda seguir haciendo porque esa fue la génesis de este proyecto. Me fascina viajar, me gusta la vida gitana, la vida de circo, andar con mi familia por el mundo. Por eso dije: «Fueguino va a estar en el mundo, voy a llevarlo por todo el mundo«, por eso yo quería un espectáculo de bolsillo.

Hoy lo llevo por todo el mundo, ya hay entradas de Israel, de España, de Italia. Es un formato muy interesante para empezar a explorar, la unión de la tecnología con una película que esté sucediendo en vivo mientras yo estoy en mi casa.


De los personajes que interpretás ¿hay alguno que disfrutes más?

Yo soy cada uno de los personajes, de alguna manera, todos tienen un aspecto mío y un aspecto de Juan Carlos, el director. Popper me gusta por su maldad extrema, por su visión. Anita me fascina porque es mi mujer, mi lado femenino y esa fragilidad masculina que yo veía en las prostitutas de Ushuaia. No eran finas, de glamour, eran mujeres que la sudaban. Muy dolidas, muy aguerridas,  muy golpeadas por adentro, no había ninguna copa sana. Todas estaban rotas

A mí nunca me gustó consumir prostitución, pero en Ushuaia,  eran parte de las vecinas del lugar, no había una diferenciación. En Ushuaia al boliche va el ex gobernador y el último ciruja del tarro, que podría ser yo. Íbamos a bailar, a pasear y a comer al mismo lugar, había una cercanía con todos los círculos.


Por último, la obra se estrenó en Ushuaia porque querías que se viera allá antes de llevarla por el mundo,  ¿cuál fue la devolución de ese público  tan especial?

La obra tenía dos pasos. Primero se tenía que mostrar antes del 2020, entonces hicimos un ensayo con público al cual invité a seis o siete personas que quería que la vieran por diferentes motivos. Una periodista canalizadora, un actor, un futbolista, un productor, un representante. Yo quería las miradas de cada una de esas personas a ver qué veían esas personas. Así que tuvo su muestra donde la obra nació ante el público y después necesitaba hacer el estreno en Ushuaia porque era el bautismo de la obra. Necesitaba que la isla se viera a sí misma y que la isla y sus habitantes me dieran su bendición, o no. Necesitaba saber qué era lo que le pasaba a alguien de allá cuando veía la obra y la verdad que la respuesta fue infinitamente mejor que lo que esperábamos.

Terminamos las funciones a sala llena con 260 personas y gente afuera. La gente venía temblando de emoción por lo que había visto, nadie sabía lo que iba a ver. Ni siquiera mi madre ni mi padre sabían lo que iban a ver. Lo mantuvimos en secreto para que sea una sorpresa y para que nadie interfiera con lo que estábamos craneando. La isla y los habitantes de Ushuaia que vieron la obra nos dieron la total bendición.

En ese enero se generó un boca a boca muy fuerte. La obra no tuvo publicidad; en un día fui a los cinco programas de radio y uno de televisión. Después, la obra cobró importancia por el boca a boca, todos se sentían identificados o incluso descubrían personajes que no conocían y vivían en la isla, entonces hubo mucho agradecimiento. Mucha búsqueda posterior de decir en las casas cómo: “mirá quien era Alan Gardiner” y empezar a buscar más historias. Eso también hace que uno conozca de dónde viene y se enamore de eso, porque si uno no ama algo no puede cuidarlo. La obra tiene una gran impronta, porque soy yo, de entender que ese lugar es único e irrepetible y que nosotros podemos sumar o restar. Traer eso a la conciencia fue muy fuerte y también darnos cuenta de qué estamos hechos los fueguinos.

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