SOCIEDAD

Emprender por necesidad: lo que revela el primer relevamiento sobre discapacidad en Argentina

Esta nota es una colaboración entre Revista Minúscula y 812 Hub. Por Rocío Tabares.

Cuando imaginamos a alguien que se lanza a emprender, probablemente pensamos en una persona cansada de la vida corporativa o de la relación de dependencia, que después de armar un plan de negocios decide vivir de lo que le gusta. Tal vez visualizamos una computadora, un pitch y alguna reunión con inversores. Me animo a decir que es poco probable que imaginemos a esa persona con discapacidad.

Sin embargo, hay Personas con Discapacidad en toda la Argentina que están construyendo un proyecto propio: preparan su puesto para una feria, abren un perfil de Instagram, o prenden el horno todos los días. Pero esto no siempre es una elección vocacional: muchas veces es el resultado de un mercado laboral que no les abrió ninguna puerta, y entonces decidieron construir la propia.

La situación de las Personas con Discapacidad en Argentina rara vez ocupa un lugar central en la agenda pública y muchas veces aparece asociada a una fecha del calendario o a una estadística aislada. Pero hay un dato que, año tras año, está presente en informes de organismos internacionales: el acceso al empleo formal sigue siendo una de las barreras más persistentes para este colectivo.

En ese contexto, celebramos el lanzamiento del Primer Relevamiento Nacional de Emprendedores con Discapacidad, una investigación impulsada por CILSA y Mercado Inclusivo que reunió a más de 160 personas de todo el país para responder una pregunta que, hasta ahora, no tenía datos propios en Argentina: ¿quiénes son los emprendedores con discapacidad y en qué condiciones llevan adelante sus proyectos?


Quiénes están detrás del emprendimiento

El relevamiento dibuja un perfil bastante definido. Casi 7 de cada 10 emprendedores encuestados son mujeres (65,7%), y el grueso del grupo tiene entre 30 y 49 años. El 71,7% cuenta con Certificado Único de Discapacidad (CUD), y el tipo de discapacidad más representado es la intelectual (46,4%), seguida por la motriz (22,9%), la psicosocial (16,3%) y la sensorial (10,8%).

La mayoría de los proyectos relevados son jóvenes: seis de cada diez nacieron en los últimos tres años, y se dedican a vender productos que aprendieron a hacer, como textiles, gastronomía, arte, fragancias o insumos para huerta; y el 82% los produce a mano. También hay un universo de servicios: oficios, acompañamiento terapéutico, diseño o talleres. La informalidad, sin embargo, es la norma: el 82% de quienes venden productos y el 67% de quienes ofrecen servicios no puede facturar lo que produce.


La pregunta que deja el informe

Hay un dato que organiza todo lo demás. Cuando se les preguntó por qué empezaron a emprender, el 44,6% respondió que por necesidad de ingresos, y un 29,5% adicional señaló la dificultad para acceder a un empleo formal. Solo el 25,9% lo encuadró como una búsqueda de autonomía.

«El 50% refiere que le gusta emprender; un 41% manifiesta que lo hace por necesidad; y un 9% lo ve como una alternativa transitoria«, destaca el informe. Y agrega algo que vale la pena subrayar: el emprendimiento no es una elección de carrera, sino una estrategia de supervivencia.

Esto se confirma al detectar que el 38% de quienes ya emprenden sigue buscando activamente un trabajo fijo en una empresa u organización, y un 27,7% más lo haría si surgiera la oportunidad. El emprendimiento funciona más como una alternativa cuando el empleo formal no resulta un camino posible, que como un proyecto de vida elegido. 

Por eso nos preguntamos, junto con quienes hicieron este trabajo: ¿estamos celebrando la autonomía genuina, o naturalizando una salida que existe porque el mercado laboral no ofrece otra? La respuesta no es única ni es cómoda, pero el informe invita a no quedarnos con la versión más fácil de la historia.


Lo que falta para que sea un camino, y no un parche

Los datos sobre sostenibilidad económica muestran que el 58,1% de quienes emprenden sostiene que es su única fuente de ingreso. Sin embargo, entre el 37% y el 53% de los proyectos, según se trate de productos o servicios, realiza menos de seis ventas mensuales; un volumen que el propio informe señala como insuficiente para construir un ingreso significativo.

¿Qué falta para que esto cambie? El relevamiento es claro: el 47% identifica el acceso al financiamiento como su principal dificultad, muy por encima de las ventas (31,3%) o la falta de capacitación (21,7%). Y cuando se les preguntó cómo consiguieron el capital inicial, las respuestas confirman la ausencia casi total del sistema financiero formal: ahorros personales (45,8%), ayuda familiar (32,5%) y créditos u otras fuentes (21,7%), donde «otras fuentes» probablemente incluya más informalidad que banca.

El apoyo, en general, también es un asunto privado antes que público: el 47,6% recibe apoyo familiar, el 22,9% de organizaciones de la sociedad civil, y un 29,5% no recibe ningún tipo de acompañamiento. El informe lo nombra con precisión: existe una «ausencia de un ecosistema de apoyo profesional robusto y accesible para todos los tipos de discapacidad».


Una desigualdad dentro de la desigualdad

El relevamiento también deja a la vista una segunda capa de inequidad. Con casi siete de cada diez emprendedoras mujeres, los autores del informe señalan la necesidad de «estrategias con enfoque de género para fortalecer su acceso a capacitación, redes y financiamiento». La discapacidad y el género se superponen, y eso multiplica las barreras.

Tiene sentido si lo pensamos junto a otra pregunta, más amplia: ¿quién sostiene la inclusión cuando el Estado no llega? En la mayoría de los casos, son mujeres (madres, hermanas, parejas) quienes terminan armando la red de apoyo que ningún sistema formal garantiza. No es casual, entonces, que sean también mujeres quienes, a falta de otro camino, conviertan ese trabajo de cuidado en un emprendimiento propio.


Mirar afuera para entender lo que pasa acá

Argentina no es un caso aislado. En España, donde el Observatorio del Emprendimiento (GEM) y Fundación ONCE vienen estudiando el fenómeno desde 2023, el patrón se repite con variaciones: el 57,6% de las personas con discapacidad que emprenden lo hace por necesidad (una proporción aún mayor que la de Argentina), y la tasa de abandono de esos proyectos triplica a la de emprendedores sin discapacidad (5,7% frente a 1,9%).

En ambos países, además, las personas con discapacidad representan una porción minoritaria del universo de cuentapropistas: en España, por ejemplo, solo el 1% de los autónomos tiene reconocido algún grado de discapacidad, pese a representar más del 6% de la población activa.

Esta comparación no busca minimizar el problema local diciendo que «en otros lados también pasa», sino mostrar que se trata de un patrón estructural, repetido en distintos países con distintas políticas públicas, y que por lo tanto exige respuestas sistémicas y no solo voluntad individual ni buena predisposición del mercado.


Una invitación a conocer quiénes están detrás de los números

El informe le pone número a un colectivo que, hasta ahora, no tenía estadísticas propias en Argentina. Detrás de cada porcentaje de este relevamiento hay historias, y en 812 Hub nacimos con la misión de contarlas.

Por eso desde Revista Minúscula y 812 hub queremos sumarnos a esa tarea: invitamos a conocer a las personas detrás del emprendimiento con discapacidad en nuestro país, a leer el relevamiento completo, y a pensar junto a CILSA y Mercado Inclusivo qué políticas, programas y alianzas pueden transformar lo que hoy es, en sus propias palabras, una estrategia de supervivencia en un verdadero camino de inclusión económica.

Porque, como concluye el propio informe: apoyar a los emprendedores con discapacidad no es un gasto social. Es una inversión estratégica en el desarrollo productivo y la autonomía económica de las personas con discapacidad.


Fuente: 1° Relevamiento Nacional de Emprendedores con Discapacidad, Argentina 2025. CILSA y Mercado Inclusivo, con el apoyo de organizaciones como ASDRA, Fundación DISCAR, Fundación Brincar, NUBA Asociación Civil, ALPI, INCLUCAMCo, entre otras.


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