«Si pasan por acá, saluden», anuncia su historia de Instagram. Un póster que ocupa un tercio de la puerta entre Víctor Heredia y Cantores del Monte tiene el fondo blanco y muestra a un hombre hamacándose sobre una silla. Se trata de Adrián Berra, el intérprete de “Un beso en la nariz”, quien tocó el sábado 9 de septiembre por primera vez frente a 1800 personas en el Teatro Ópera.
Adrián Berra habló en exclusiva con Minúscula sobre cómo fue su carrera desde el 2006 hasta su presente.
SUS PRIMERAS APARICIONES
Predominaban los nervios. Adrián recuerda sus primeros recitales y las maneras que encontraba para descontracturar. Del disco “Mi casa no tiene paredes” (2010) surge “Golosinas” y el cantautor recuerda: “Con la plata de las entradas anticipadas compraba cosas en el kiosco y se las regalábamos a la gente cuando entraba, entonces yo ya me predisponía a que estaba todo bien con el público”.
Es el año 2018, en un pequeño café concert de Tigre, Zona Norte de la Provincia de Buenos Aires. Hay un grupo de personas que esperan en la puerta. La entrada parece un escondite digno de una comarca, apenas unos escalones la separa de la vereda donde cada vez se agolpa más gente para entrar.
Sobre la puerta de madera un cartel de neón rojo anuncia su nombre, Il Teatrino. El lugar es pequeño pero acogedor. Cuando sale a escena, Adrián Berra emana tranquilidad en su forma de ser, hablar y andar.
Antes de que comience la magia, decide arrancar sentándose en una silla al borde del escenario generando así lo que genera su música, cercanía. Entre un amigo y una amiga, dos amigas, una pareja, un padre y su hija, incluso dos desconocidos. Cuando uno deja de mirar para arriba y empieza a mirar al costado siente cómo la energía fluye en una misma sintonía: tranquilidad.
LLEGÓ EL DÍA
Una hora antes, en la puerta del teatro se ve como salen a relajar algunos de sus músicos que luego van a acompañar en el escenario a Adrián. Sobre la mayoría de ellos cuenta para Minúscula: “Es un privilegio poder elegir las personas con las que uno quiere trabajar y sentirse a gusto”. Algunos de ellos se ven tranquilos, fuman un cigarrillo o hacen tiempo para la hora en la que van a abrir las puertas. La hora en la que el sueño va a ser totalmente palpable.
Ubicadas a 20 filas del escenario, en platea, están las hermanas de Clara, tecladista, segunda voz de Adrián y acordeón en algunas canciones. Marina e Inés lo conocen desde la pandemia y vinieron a verlo desde Córdoba. Cuando Adrián sale a escena su imagen y la música se vuelven el centro de atención. De ellas y del resto del público.
Son las 21:21. Adrián está a punto de cantar ante mucha más gente que otros años, en otras ocasiones, en otros lugares, otras vidas. Pero siempre acompañado de un grupo de gente querida y amiga para él. Tomás Sanguinetti y Clara Presta son dos de los músicos que lo acompañan hace una larga caminata y están ahí en el escenario con él, codo a codo, en este show en el que presentará su nuevo disco “Respirar bajo el agua”.
El concierto continuó con un show de luces en un escenario donde la mayoría del tiempo estuvo acompañado por sus músicos. Sumó: guitarra eléctrica, bajo, batería, trompeta, violín y coristas. Un despliegue pocas veces antes visto en un show de Adrián Berra.
Pero no solo cambió su forma de presentarse en vivo, sino también sus melodías. Nuevas versiones de las canciones inundan el Teatro Ópera. Es como un rato de alucinación en donde nada puede salir mal. Y nada salió mal. Tampoco fue una alucinación. Todo sucedió en casi dos horas donde invitó a subir a dos personas muy importantes en su vida: Joaquin Varela -Jeites- y Ernesto Salgueiro, su primer profesor de guitarra, allá cuando escribió su primera canción.
Sobre la relación con su público, Adrián explica: “Siempre sentí la música como un espacio de compartida y de celebración, como un ritual, un puente”.
Además sostiene que siempre, en algún momento de sus conciertos, busca llegar al público de alguna u otra forma, ya que fue su forma de entrar en la música. Guitarreadas, juntadas, improvisaciones. Esta vez no fue la excepción, ya que tuvo también su momento a solas con los espectadores, pidiéndoles que elijan “a viva voz” qué canción tocaría en los siguientes quince o veinte minutos.
SU CERCANÍA CON EL PÚBLICO
Una de sus formas de acercarse a los que lo oyen es contando las historias detrás de cada canción. En 2021, en San Isidro, y en 2023, Teatro Ópera, los que presenciaron el show saben de una canción que los que no fueron, no saben de su existencia.
En ambos contó y después cantó que vivió en Uruguay, antes de trasladarse a Córdoba. Cuando tomó la decisión de irse con su familia, a los siguientes inquilinos, amigos suyos, en un par de décimas truncas, les dejó las instrucciones de cómo llevar la casa al 100% de su funcionamiento y como era el barrio en el que vivieron, Salinas. Primero lo escribió y después le puso música.
La canción quedó solo en el repertorio de Adrián, en sus notas, en su memoria. No como cuando una noche, hace más de quince años, en la que Berra se juntó a charlar con su abuela, nació “No quiero”, también del disco mencionado anteriormente. Ella era escritora y se encontraba poco inspirada, mientras él estaba en sus primeras composiciones, le pidió a su nieto, si podía conseguirle un cigarrillo de marihuana y cuando comenzó la charla ella le tiró así sin vueltas: “No me quiero morir de vieja” (con la frase que comienza la canción) y así nació el tema. “De alguna forma fue una composición compartida”, dice el artista.
A veces toca desaprender lo que uno vivió hace diecisiete años (o más) y seguir adelante. Confiar en que si se llena un teatro de casi 2000 personas y en dos días se suman casi 4 mil seguidores más en Instagram, es porque no solo en el momento de cantar se es cálido si no como persona, también.
Antes de la última canción se escuchó el grito desde el público “Gracias por ser tan humano, Adrián”. Todos estuvieron de acuerdo en el agradecimiento. Respira, sonríe y, entre aplausos y vítores cierra, una vez más, un show en el que todos coinciden en que nunca, jamás, en ningún momento perdió esa esencia característica de transmitir esa tranquilidad y empatía que lo hace tan distinto a los demás.
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