entrevista teatro

«Shamrock»: la comedia en verso que celebra nuestro teatro

Entre 1845 y 1900 muchos inmigrantes llegaron a la Argentina huyendo de La gran hambruna de la papa. Este acontecimiento histórico es el punto de partida de “Shamrock” una comedia en verso, que narra la historia de Mary (Caro Setton), una jóven irlandesa cuya familia envió a Buenos Aires  para concretar un matrimonio arreglado con Dido (Pablo Kusnetzoff ), su prometido que llevaba un tiempo instalado en Argentina. Al llegar al puerto, Mary conoce a Patrick (Gaby Páez), un compatriota irlandés que la ayudará a instalarse y le hará conocer a Rita (Justina Grande), una argentina que trabaja en el Hotel de los Inmigrantes. Las vidas de estos cuatro personajes se cruzarán y ya nada será igual.

La obra escrita por Brenda Howlin y dirigida por Nano Zyssholtz presenta su cuarta temporada los viernes a las 20 en el Teatro Beckett – Guardia Vieja 3556 – con entradas a la venta por Alternativa Teatral.

Para conocer más acerca de esta obra que mezcla lo musical con lo clownesco, y el sainete criollo con lo físico acompañado por la tradición del texto en verso y el toque exacto de humor, desde Minúscula charlamos con Justina Grande, actriz que interpreta a Rita.


El primer encuentro con la obra: de espectadora a habitar el escenario

En 2019 Shamrock tuvo su primera temporada donde Justina no se encontraba en escena, sino que ocupaba un lugar dentro del público. Rita, en ese momento, era interpretada por una amiga suya.  “Fue muy loco porque me encontré con una obra hermosa y no sé por qué, pero sentí que iba a ser parte de ella”, recuerda Justina sobre la primera vez que vio la historia.

Durante la pandemia toda la actividad teatral se frenó y la obra tuvo que esperar hasta el 2022 para regresar. Fue en ese momento cuando – en vísperas del reestreno – un llamado inesperado hizo que Justina pasara del público al escenario. “Me llamó Brenda Howlin que es la autora y productora diciéndome que las dos actrices se iban de la obra y entramos Caro (Setton) y yo para interpretar a Rita y Mary”, explica Justina.

Además de haber presenciado la obra, la intérprete observó una función en video para empezar a preparar su personaje antes de los primeros ensayos. Sobre ellos contó que fueron un proceso muy lindo y de mucha libertad en el que el director les decía a ella y a Caro Setton que jugaran sin guiarse por lo que había sido la versión anterior de la obra para poder encontrar su propio juego. 


– ¿Qué podés contarme acerca de tu incorporación a la obra y qué es lo que te gusta de Rita?

– Al principio el tono de la actuación me parecía un desafío actoral. Esta mezcla de la obra de tantos estilos: el grotesco, el sainete, el texto en verso. Rita me da mucha libertad de poder hacer algo grotesco, clownesco, algo físico que a mí me encanta. Cuando me llegó la propuesta y me encontré con texto en verso y con una comedia de situaciones y de enredos, eso me encantó. Mi imaginario fue derecho a estos personajes más de la época de la inmigración que eran exagerados en los gestos y que hablaban a los gritos. Rita, al ser la única argentina de la obra, me permitía no tener que hacer un tono o un acento, sino llevarla a la observación de las mujeres de esa época que de alguna manera están buscando cómo ser. Ella es camaleónica, de repente tiene algo bufonesca y después se oscurece un poco, va buscando cómo ser y esta búsqueda tiene algo clásico y contemporáneo a la vez. Me permite jugar con la mirada sobre los personajes, sobre estos inmigrantes y los argentinos de esa época.


Durante la función hay varios momentos en donde la cuarta pared, la barrera invisible que separa escenario y platea se rompe y los universos se mezclan haciendo que los y las intérpretes tomen algo surgido del público y lo sumen a su Buenos Aires del 1900. Al consultarle por estos momentos, Grande comenta que los que rompen la pared son los mismos personajes porque necesitan expresar algo.

Siento que las rupturas las hacemos desde ellos. Hay funciones que son especiales porque de repente hay niños en el público y ellos hablan mucho entonces la obra se va adaptando al público que asiste. En una función había un niño que hablaba bastante desde la butaca y como Rita incorporé lo que estaba pasando y le contesté, porque el código de la obra nos permite el movimiento. Estar adentro, salir, volver a entrar y tener comentarios disfrazados dentro de la historia que nacen desde el público”, detalla la actriz.


Shamrock es un mecanismo de relojería suiza en donde las miradas, los gestos, las frases y la música como engranajes funcionan con los  movimientos e incorporaciones repentinas nacidas de la improvisación. ¿Cómo te llevás con el funcionamiento de la obra?

A mí me relaja un montón el funcionamiento de la obra. Uno se mete y es como recorrer una ruta conocida: todo va llegando. Al principio de la obra estoy en función de lo que necesita la escena. Hacemos de banco, yo hago de caballo, jugamos un rato; pero después cuando aparece Rita hay algo que se me va un poco de la cabeza, la obra te va llevando, atravesamos las situaciones y sabemos a dónde tenemos que ir.  Cuando hay algo que es muy abierto es más difícil porque improvisás y te cuesta volver, acá tenemos puntos a los que volver. El texto nos contiene porque hay que regresar a la rima. El director nos dice: “Ustedes siéntanse vivos y en el momento. Obvio que pueden jugar pero siempre vuélvanse a mirar”. Volver a mirarse es reconectar con el compañero. Es lo más importante porque lo que se muestra en escena se construye con el otro. 


Para la segunda temporada de la obra, junto a Justina se incorporó a la obra Caro Setton, quien interpreta a Mary. Los personajes de ambas tienen muchas escenas juntas a lo largo de la obra. Al preguntarle a la intérprete cuál es el momento que más disfruta de Rita y Mary contó: Disfruto mucho la parte en la que están cocinando juntas. Es un momento donde no hay texto, solamente cocinan, pero es muy lindo porque Mary le está enseñando a Rita sin palabras, únicamente con miradas y acciones que tienen que entrar en el tiempo de la música. Creo que es donde más jugamos juntas. Es hermoso porque cuando los personajes se unen, las actrices también disfrutamos”.


– ¿Cuál fue el mayor desafío desde lo técnico que te presentó el texto en verso de la obra?

– Al principio, cuando leí el texto sentía que estaba recitando algo propio de un poema o una canción. Empecé a sentir que había algo de ese canto que no podía evitarse pero sí tenía que llenarse. Un texto uno puede trabajarlo desde decirlo directamente tal como está sin ponerle tanta intención o pensamiento, pero este invitaba a jugar también con lo musical del texto. Siento que había millones de posibilidades. Cuando lo leía decía “cuántas posibilidades tiene esto”. Me pareció desde la primera lectura un desafío muy interesante el tener que hacer foco en lo que digo y en la musicalidad de Rita al decirlo porque cuando ella termina de hablar viene otro personaje y juntos componen algo rítmico para contar la historia. 


– La obra tiene una escenografía móvil, cosas que transportan, arman y desarman, ¿te sentís cómoda al trabajar en el escenario que se transforman en lugares ?

Eso es como otra partitura aparte. Cuando empezamos a ensayar lo hicimos sin escenografía. Después llegó y ensayando nos dimos cuenta que había una partitura más para cada uno con sus movimientos. Hay que estar consciente de que mover un objeto arma o no el espacio escénico. Al principio era una preocupación: “ahora tengo que mover la calesita acá”; “tengo que abrir la cortina”. Había que incorporar un montón de movimientos nuevos que te obligan a ser frío mientras los hacés porque la obra sigue pasando mientras se arma el espacio. 


– ¿Cómo vivís la devolución del público?

Estoy muy contenta con la respuesta del público. Es muy loca la devolución de las diferentes edades. Hicimos funciones para alumnos de secundaria, para Personas con Discapacidad, para irlandeses, y todos estos públicos diferentes hacen foco en cosas distintas. La gente más grande que ve la obra nos habla de la inmigración, nos cuentan sus historias, nos dicen “yo tengo una abuela que llegó en barco”, y eso es muy fuerte porque la obra los remite a esas historias que pasaron dentro de su familia. Hay algo lindo que pasa cuando estamos conectados en el escenario. Cada uno tiene su color, su lugar y la devolución de la gente arranca con “qué hermosa obra” y después destaca las particularidades de cada uno y eso es hermoso. Somos un elenco que se da lugar, somos diferentes pero sabemos qué es lo que cada uno puede dar.  


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