Cada 17 de julio se celebra el Día Internacional del Tatuaje, ese arte tan especial que se viene realizando desde tiempos inmemoriales. Los tatuajes nos marcan – aunque suene cliché – cuentan nuestra historia. Hay algo de nosotros en cada trazo, en cada gota de tinta que se quedará hasta el fin de la historia unida a nuestra vida. Una imagen, una frase, una fecha, un signo; son símbolos que hablan de nosotros más que nosotros mismos.
Para sumarnos a la celebración de este día, desde Minúscula entrevistamos a Alanis Escobar, tatuadora especializada en la técnica del micro realismo y la realización de tatuajes conceptuales en Crimental Tattoo.
“Creo que el tatuaje estuvo siempre ahí, no reconozco que haya tenido un principio concreto, ya vino conmigo”,
reflexiona Alanis Escobar.
Un recuerdo de infancia se hace presente, una media sonrisa se dibuja en su rostro producto de la evocación. “Cuando mi viejo o mi vieja se tatuaban, era un evento. Nos íbamos desde Quilmes a Belgrano, al estudio de confianza de mi papá y se hacían dos o tres tatuajes el mismo día, mientras yo miraba todo y chusmeaba qué me iba a tatuar cuando sea grande”, cuenta.
El recuerdo de una niñez musicalizada por el ruido de las máquinas electromagnéticas mezclado con rock al mango trae al presente a ese estudio de tatuajes mientras ella sigue su relato.
-¿Duele?
-¿Cómo se hace?
-¿Cuánto falta para que pueda hacerme uno?
La pequeña Alanis es una máquina de preguntar e inspeccionar todo, que sueña con tatuarse un Pikachu que nunca aparece en las carpetas con diseños que revisa sobre el sillón de cuero rojo.
DE JUGAR A TATUAR A PROFESIONALIZAR EL JUEGO
Cuando tenía 8 o 9 años, le regalaron un juguete para hacer tatuajes. “Era una valijita violeta que traía diseños para tatuar con un aerógrafo. Se llamaba ‘tatu’, o algo así y me voló la cabeza”, narra la tatuadora. Después llegaron sus primeros diseños. “Mi viejo me pidió que le diseñe unos tatuajes, que obviamente lo acompañé a hacerse”, cuenta.
Cuando cumplió 16, Alanis diseñó el que sería su primer tatuaje a gusto y a medida. Una frase de Los Piojos, con dos 87 en chino y el símbolo familiar diseñado por su mamá entrelazando todas sus iniciales.
Sobre esa primera vez recordó: “Me llevó mi papá al estudio en Belgrano. Recuerdo bajar del auto temblando de miedo, estaba segura que me iba a doler muchísimo, al punto que le dije a mi viejo: ‘Si me desmayo, que lo terminen’. En el momento que me empezaron a tatuar y sentí el nivel de dolor, supe que había abierto una puerta qué iba a ser muy difícil de cerrar”.
«En cada juntada con amigues, mientras tomábamos algo y reíamos fuerte, me pasaba la noche dibujando sus brazos con lapiceras y fibrones. Haciéndoles diseños y regalándoles garabatos en cada hoja que encontraba. Creo que elles me insistieron en que aprenda a tatuar. Casi sin terminar la secundaria, hice un curso de bioseguridad y arranqué. Desde ese día no paré de tatuar«,
Alanis Escobar.
Actualmente, Alanis estudia la Licenciatura en Artes Visuales y dirige su propio taller de dibujo en Almagro. Al preguntarle cómo nació su relación con el arte y el dibujo ella asegura que se lo debe a su madre.
“Mi vieja es la culpable, es una increíble creadora. Curiosa, creativa, detallista y artista. Desde muy muy chiquita me mostró el arte visual, hacíamos pinturas, dibujos, collages, moldeamos porcelana fría y hacíamos obritas para la casa con todo tipo de materiales”, recuerda.
– ¿Cuándo te diste cuenta que te apasionaba dibujar?
– Dibujar siempre fue mi canal, desde muy pequeña dibujé y formó parte de mí. Se reafirmó y ocupó todo en mis días cuando dejé de realizar otras actividades. Se convirtió en mi canal para sanar, transmitir y compartir lo que siento.
– ¿Creés que existe el talento para dibujar o el talento es una construcción que se va armando a fuerza de pasión y ganas de hacer?
– Creo que crear va de la mano del dejarnos ser y eso es algo muy difícil en esta sociedad. Cuando empezamos a crecer nos enseñan cómo tenemos que hacer las cosas, qué es «lindo», qué es «bueno» , qué es «lo que sirve» y lo qué no y todo eso nos limita a expresarnos. Hay un maldito momento en el que empezamos a decir «no me sale» y dejamos de dibujar, de expresarnos y disfrutar de ese proceso, ahí es cuando perdemos la práctica, la facilidad de hacer que nuestras manos creen lo que nuestra mente imagina y ni hablar de las personas que por diversas razones bloquearon o perdieron su imaginación.
Entonces, creo que todes tenemos la posibilidad de expresar lo que tenemos dentro a nuestra forma y es muy importante que valoremos eso.
– ¿En qué momento decidiste pasar a ocupar el rol de tatuadora?
– ¡Qué difícil encontrar el momento en que me empecé a autopercibir tatuadora! Es algo que me costó mucho, aún me cuesta llamarme artista. Empecé a ocupar el rol de tatuadora a los 17, apenas salí de la secundaria y no paré más. Recuerdo mucho la primera vez que tatué, me temblaba tanto tanto la mano que no podía sostener la máquina derecha. Tenía que hacer una línea recta. ¡Mi mano no paró de temblar, pero la línea salió recta! Me relajé y seguí tatuando, disfrutando de ese proceso que me enamora cada día más.
– Venís tatuando desde 2018, ¿qué cosas cambiaron en vos desde el momento de esos primeros tatuajes?
– Todo cambió. Más allá de mis ideales y pensamientos, mi formación fue en un espacio súper tradicional del tattoo, donde el respeto y cuidado por el cuerpo ajeno que confía en nuestras manos es diferente al que hoy muches tatuadores decidimos tener. Con el tiempo fui afinando mi forma de cuidar y tratar, no solo dar tiempo y lugar a descansos, charlas y alguna cosa que el cliente necesite, sino también la consciencia de que crear un diseño único para cada cliente.
Por otro lado, cambió mucho mi forma de poner límites más claros para cuidar mi trabajo y el de otres; no hacer diseños que no sean de mi autoría o sin autorización, elegir mejores insumos para cuidar la piel de quien viene, cobrar lo que corresponde y no dudar del valor de mi trabajo. Tatuarse es una experiencia muy íntima y ambas personas debemos disfrutar del proceso.
– Dentro del mundo del tatuaje hay muchas especialidades, ¿cómo se dio tu llegada al micro realismo?
– Es mi obsesión. Pasé por muchos estilos y ninguno me llenó tanto como el desafío de lograr algo realista en la piel.
Cambié mis equipos para poder usar agujas más finas, así llegué a estar usando una aguja, la más fina de todas por ahora, para realizar texturas, detalles y entramados qué hagan qué todo se vea elaborado, cuidado y meticulosamente pensado, porque así es. Cambié mis tintas, mis técnicas y lo seguiré haciendo seguramente, hasta que logre tener el nivel qué deseo alcanzar y ahí seguramente busque otro desafío pero por ahora el micro realismo me hace muy feliz. Me encanta el desafío constante.
– ¿Cómo es el proceso de dibujo para pasar de la idea al tatuaje?
– Primero con toda la información dada por la persona que viene a tatuarse, recolecto simbología, frases y objetos que puedan relacionarse con el concepto que vamos a trabajar. Soy una persona muy analogica, asi que dibujo la zona a tatuar en una hoja y hago mil bocetos en colores hasta llegar a alguna composición que me guste, que sienta equilibrada y armoniosa con el cuerpo y recien ahi paso a trabajar con la tableta gráfica en la compu, es un proceso bastante largo y minucioso, el cual antes de terminar envío a el cliente para que me de una devolución sobre la imagen y de ser necesario hacer las correcciones pedidas. Por último al momento de imprimir el diseño lo hago en varios tamaños y la mayoría de las veces cada objeto por separado para al momento de transferirlo a la piel poder acomodar los objetos acompañando la anatomía.
– ¿Hay algún diseño de los que realizaste al que le guardes un cariño especial?
– Sí, tengo dos. Uno es una composición que tiene un stegosaurio de imagen central, rodeado por muchos detalles de amor y naturaleza. Y el otro también es una composición pero de imagen central tiene una foto de mi viejo, mi hermano y yo caminando a un recital.
Son composiciones que no solo disfruté muchísimo crear, sino que tuve mucha libertad para hacer lo que sentía y lo llevan personas que son importantes para mí, así que aprecio mucho esas obras.
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