Durante los domingos de junio puede verse en el teatro “El Tinglado” (Mario Bravo 948) la obra “El cazador y el buen nazi”, protagonizada por Ernesto Claudio y Jean Pierre Noher, con texto de Mario Diament y dirección de Daniel Marcove.
Una tarde de mayo del ‘75, Simón Wiesenthal, el famoso cazador de nazis, recibe la visita de Albert Speer, el ex arquitecto y Ministro de Armamentos de Hitler.
¿Cuál era el motivo de este encuentro? ¿De qué hablaron? ¿Qué se dijeron? ¿Qué diálogo era posible entre un victimario y una víctima del Holocausto?
Todas estas preguntas y muchas otras obtienen posibles respuestas en la obra de Mario Diament, que valiéndose de numerosa documentación de archivo, dramatiza el encuentro para invitar a los espectadores a la reflexión acerca de las consecuencias de nuestros actos, las responsabilidades y el sentido de justicia.
Para conocer más acerca de la obra, charlamos con Ernesto Claudio quien interpreta a Albert Speer sobre el escenario de “El Tinglado”.
Al preguntarle sobre su primer contacto con el texto de “El cazador”, el intérprete dice que “eso tiene una historia particular” y que es la segunda vez que le ocurre en su vida profesional: “Dije que sí sin leer la obra”, revela, y a continuación desanda los caminos de su memoria para narrar la historia desde el principio:

“Me pasó hace muchos años atrás con una obra que había escrito Pablo Cedrón, él me la quería mandar y le dije que sí. Le pregunté con quién era y me dijo: ‘Está Mazzarello y está Belloso’ y le dije: ‘Mañana empezamos a ensayar’. Porque me pareció un terceto extraordinario y no me la iba a perder por más que el papel fuera chico ni mucho menos. Acá fue igual pero más profundo porque somos amigos con Jean Pierre hace muchos años y nunca habíamos hecho nada juntos», confiesa sobre su encuentro con esta obra.
Además, relata: «Yo estoy haciendo Toc Toc hace muchos años ya estaba tranquilo con el teatro, y Marcove me llama y me habla de la obra. Me dice: ‘Para hacer un lunes; un martes; porque estás en Toc Toc, son dos actores solos…’ y yo le digo: ‘Dani, mirá, la verdad es que no sé si tengo muchas ganas de agarrar otra cosa ahora no creo que pueda.
– Bueno, qué lástima porque el otro actor quería.
– ¿Quién es?
– Jean Pierre.
– Mañana empezamos a ensayar».
A lo largo de esta entrevista, Ernesto da cuenta de la enorme amistad que lo une a su compañero en escena: “Jean Pierre es un hermano mío, empezamos juntos en esto. Como cuenta él en un momento al final de la obra entramos juntos en lo de Alezzo. En televisión alguna vez trabajamos en el mismo programa pero nunca compartimos escena”.
«Cuando leí la obra me encantó. La hicimos para poder trabajar juntos; para hacer una linda obra que vaya bien pero afortunadamente nos superó porque le va bárbaro a la gente le gusta mucho, las críticas son muy buenas y estamos felices”,
Ernesto Claudio.
– ¿Cómo fue el trabajo para preparar tu personaje?
– Yo nunca tuve una fórmula para encarar a los personajes. No la hay. Yo creo que depende de lo que estés pasando, de cuándo lo lees, de cómo te pega; a veces tenés que informarte mucho, a veces no; depende si te ponés un gorro o no, depende de muchas cosas. Por ejemplo, en Toc Toc yo hago un personaje y cuando lo interpreto sin darme cuenta elevo la voz un octavo. No tengo la menor idea de por qué lo hago, pero cuando esas cosas pasan yo le presto mucha atención.
En este caso sí encaré un trabajo de investigación porque era un personaje real. Muy inteligente. Importantísimo. El tipo tenía una habilidad terrible, imaginate que convencer al Tribunal de Nuremberg de que él tenía desconocimiento del Holocausto; el Jefe de Armamentos de Producción de Hitler, tenés que tener una inteligencia para poder convencerlos. Tenía una habilidad terrible y un gran histrionismo, un gran actor digamos. Averigüé mucho sobre él, vi fotos, físicamente no tengo nada que ver con él; Pierino tampoco tiene nada que ver con Wiesenthal pero eso es lo que menos importa.

– La interacción entre los personajes en escena tienen un gran componente de lenguaje no verbal. Las miradas y los gestos en escena cuentan tanto como el texto mismo. ¿Cómo abordaron esa parte del laburo?
– El teatro es un arte esencialmente colectivo. Entonces vos tenés que trabajar con el compañero. A mí cuando me dicen: “Uh, te vi en una escena con un tipo que no era muy bueno”, yo digo: “Qué lástima, porque yo quiero trabajar con Marlon Brando siempre”. Yo quiero competir sanamente, competir en serio; decir “mirá lo que está haciendo, qué bueno, entonces vos empezás a “competir” con él y cuando eso pasa, empieza a tener vida y cuando eso pasa empieza a pasar en serio, y si pasa en serio uno lo cree y si lo cree uno lo cree el público, palabra de mi maestro, Agustín Alezzo. Acá fue maravilloso porque somos tan amigos y nos queremos tanto que era una fiesta cada ensayo. Empezamos por zoom, leímos la obra, hicimos algunas correcciones, pedimos la autorización a Mario y hasta que nos vimos en el primer día, fue fluyendo naturalmente diría, guiados por la mano de Dani que nos llevaba bárbaro, que aportaba muchísimo desde la dirección. Fue un viaje placenterísimo. Entre nosotros no hay egos. Somos amigos y nos queremos tanto que uno festeja el hallazgo del otro, el de una acción concreta como si fuese el de uno.
– ¿Cómo vivís la devolución del público sobre la obra?
– Maravillosamente bien. No hay mejor cosa que la gente te diga que lo que hiciste lo emocionó, que le gustó, que lloró o que se divirtió. Es muy grato para uno. A mi me encanta que me digan que les gusta lo que hacemos. Yo creo que a todo el mundo en lo que hace. Muchas veces pasa que el público nos espera para saludarnos o pedirnos fotos y cuando eso pasa mucho quiere decir que algo bueno está pasando. Yo lo vivo con naturalidad y mucha felicidad.
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